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2/12/13

viviendo con la rabia y un desorden de apego (segunda parte)

Os traducimos la segunda parte de uno de los posts del blog que escribe Fiona Ferguson, madre de dos niñasadoptadas en Inglaterra a finales de los 80 con 5 y 6 años, del que ya os tradujimos la primera parte.

Como siempre que traducimos un texto, éste no representa las ideas de la web o de las personas que participan en este blog, únicamente lo traducimos para que sirva de reflexión y para mostrar distintos puntos de vista de distintas situaciones relacionadas con la adopción.

Tal y como comenté en el post de ayer es muy difícil para mi revivir, pero quiero hablar sobre mi experiencia personal sobre cómo es la vida con un trastorno de apego.

Ya mencioné que Amy nunca lloraba la principio cuando llegó a nuestra casa, lo que si hacía era intentar controlarlo todo y a todos a su alrededor. Amy era amistosa de forma superficial con los extraños y teníamos que tener siempre un ojo encima o se habría ido. Amy abrazaba a cualquier con quien tuviera contacto, los profesores hicieron lo que pudieron para desanimar este comportamiento, pero lo hacía de forma inconsciente. Alguna gente confundía este comportamiento diciendo que Amy era una niña muy cariñosa pero nosotros sabíamos que no. Amy no hacía amigos fácilmente en la escuela y frecuentemente se peleaba con otros niños en la clase.

Si Amy o Lauren llegaban a tener un amigo, podían ser muy posesivas y aliarse frente al resto de niños para quedárselo para ellas.

Amy nunca estaba quieta y era imposible que se concentrara en una tarea y mis esperanzas de darle uso la caja gigante que había hecho para las manualidades se hacían añicos, cualquier intento de pintar o crear alguna pieza de arte acababa con Amy vagando en el mismo momento en el que yo sacaba los lápices y el papel.

Admito que me sentí triste ya que ser creativo era algo que realmente quería hacer como madre.

Me encontré haciendo plastilina - algo que conseguía que ellas disfrutaran y pasaran algunas horas modelando las plastilinas con accesorios para crear formas.

Todo lo que Amy tocaba se las arreglaba para romperlo y cuando se enfadaba tiraba y aplastaba todo lo que había en la habitación y rompía sus juguetes.

Empezó a ser evidente que toda al rabia de Amy se dirigía principalmente hacia mi, era como si todo su odio se dirigiera a mi por todo lo que había hecho su madre.

En términos teóricos sobre los Desordenes de Apego estos comportamiento son la forma que tiene el niño para controlar algo en un mundo que perciben como aterrador, peligroso y impredecible. La única forma que tiene el niño para hacer frente a ello es controlarlo todo y a todos a su alrededor.

El niño no confía en nadie y está en alerta constante de peligro.  Acercarse a otros no es una experiencia que les genera confianza ya que su única experiencia anterior ha sido que confiar en sus cuidadores les ha llevado a una situación de abuso, peligro, estrés y miedo.

Mi posición como madre era de una persona en quien no podía confiar y ¡Dios! si me probó.
Era evidente que se golpeaba en la cabeza, balanceaba, auto-mutilaba y empecé a darme cuenta que Amy no podía leer las emociones. Amy no podía decir al diferencia entre los estados de humor de las personas y estallaba a menudo en momento en los que era incapaz de entender porque alguien estaba feliz o tristes o enfadados.



Recuerdo un par de ejemplos, Amy estaba en la escuela y dijeron en la clase que podían ver el partido de Inglaterra en la Copa del Mundo. Todos los niños estaban muy excitados ya que estaba ganando Inglaterra. Desafortunadamente le humor cambió ya que de golpe Inglaterra empezó a perder, todos los chicos que cruzaron y empezaron a estar enojados. Esa tarde, cuando Amy llegó, tuvimos una noche especialmente difícil ya que Amy no era capaz de lidiar con ese cambio de humor de su clase, esto la llevó a un estado de lucha o de huida y nosotros tuvimos que lidiar con este retroceso.

Amy podía ser un peligro para ella misma y para los demás cuando empezaba la rabia. Pasábamos unos ratos muy buenos en casa de mis hermanas. Era muy difícil irnos a cualquier sitio, como todos los niños que no quieren irse cuando lo pasan bien. Teníamos que preparar la marcha con las niñas mediante "cuenta atrás" una hora antes para prepararlas para el final de la visita.

Esa tarde en especial, Amy, estaba dando patadas con mucho estilo, había empezado con una rechazo a irse, entonces empezaban las patadas, escupir i sollozar. Patadas contantemente a la parte de atrás de mi asiento en el coche o tirándome del pelo.

Pero ni mi esposo ni yo estábamos preparados para lo que pasó después, Amy, se tiró encima de la parte delantera cogiendo el volante, estábamos en la M27 y fue una experiencia muy aterradora. Mi esposo logró detenerse en el arcén donde nos las arreglamos para mantener a Amy hasta que finalmente se vino abajo y ese fue el momento en el que estuvimos realmente a salvo de cualquier otro peligro adicional.

Ser testigo de como un niño tiene este nivel de rabia es realmente aterrador, es como si el niño tuviera una experiencia fuera de su cuerpo y muchas veces era como si ella, Amy, fuera inconsciente de su persona, me daba cuenta de eso por sus ojos que tenía un aspecto de no comprometerse. Amy tiene muy pocos recuerdos de esos momentos.

En mi próximo post voy a hablar de cómo fue la terapia, este es un tema bastante polémico y no aconsejaría a nadie usarlo sin ayuda profesional. Ésta es mi historia y lo que funcionó para mi no es la respuesta a todos los menores que tiene un transtorno de apego.

Vuelvo a repetir que esta es mi experiencia y espero que demostrará que hay esperanza para, incluso, el niño más dañado.

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24/10/13

viviendo con la rabia y un desorden de apego (primera parte)

Como empieza a ser habitual, os traducimos un texto que forma parte de una serie de post sobre la experiencia de una madre adoptiva en los últimos 15 años en los que ha criado a sus dos hijas.
 
El blog lo escribe Fiona Ferguson, madre de dos niñas, hermanas biológicas, adoptadas en Inglaterra a finales de los 80 con 5 y 6 años. Las niñas eran las menores de 7 hermanos, los dos mayores continuaron en su familia biológica mientras que los 5 menores pasaron a acogimiento y posteriormente las pequeñas fueron adoptadas por Fiona y  su marido, John.

Como siempre que traducimos un texto, éste no representa las ideas de la web o de las personas que participan en este blog, únicamente lo traducimos para que sirva de reflexión y para mostrar distintos puntos de vista de distintas situaciones relacionadas con la adopción.
 

He pensado mucho sobre cómo voy a escribir sobre este tema tan sensible. Existen tantas teorías y libros escritos sobre el apego. No quiero parecer una especie de experto en la materia. Estoy de acuerdo, los he experimentado directamente haciendo frente y viviendo con un niño que sufre un caso severo de desorden de apego. Mi marido y yo hemos pasado por ellos y hemos sobrevivido. Tenemos una relación muyes estrecha ahora después de todo lo que hemos pasado. Nos sentimos padres de Amy, pronto seremos abuelos y nos sentimos con ganas de ayudar a Amy, apoyándola para convertirse en madre de su propio hijo.

Es mi opinión que diagnosticar a un niño con cualquier desorden no es un trabajo fácil para un profesional, y creo que los desordenes de apego habitualmente se pasan por alto y los niños reciben un diagnóstico erróneo.

He decidido escribir sobre lo que fue para mi vivir el día a día, un día al límite de lo que yo diría era una locura la mayor parte del tiempo.

Cuando nos entregaron a nuestras hijas, empezó a ser muy claro que había mucho más bajo esos abrazos superficiales y el bonito pelo rubio. Mi primer recuerdo es cuando Susie, la asistente social de las niñas, nos dijo que Amy era una niña muy feliz, fuerte y que ¡nunca lloraba! Pensar en los que nos dijo me hace enfurecer. Ella era una asistente social con experiencia... ¡todos los niños lloran! Hay algo que está muy mal cuando un niño no llora, esas emociones se van a algún sitio, en el caso de Amy pasaron a la clandestinidad para ayudarla a sobrevivir a la negligencia y el abuso que sufrió. A una asistente social le deberían saltar las alarmas si un niño no demuestra emociones. Era muy obvio desde el primer día que las dos niñas nos llevarían al extremo para controlarlo todo y cualquier situación que pudieran.

 

Lauren era lo contrario a Amy, creo que pasaba el 80% del tiempo llorando y, para conseguir tu atención, Lauren, siempre tendría alguna enfermedad o se haría daño y caería.

Lauren había sido una niña muy enfermiza, pasó la mayor parte de su primera infancia en el hospital, había aprendido muy pronto que estando enferma recibía atención. En la casa de acogida su hermana, Kirsty, había sido una madre para ella. Kirsty fue una gran perdida para Lauren, ella era una mamá para Lauren y todo lo que ella había conocido. Lauren nunca conoció a su madre y realmente creo que se apegó a su hermana como su principal cuidador, aunque estaba en acogimiento.

Cuando Lauren llegó a casa llevaba una talla 2-3 años y parecía y se comportaba más como una niña de 2 años que la niña de 5 años que habíamos asumido. Todos los que vieron a Lauren la trataban como a un bebé y le tomó bastante tiempo hasta que se sintió lo suficientemente confiada para crecer un poco. En tiempos de cambio e inseguridad, Lauren podía regresar a ese modo bebé, incluso balbuceando.

Como he contado en otro post anterior, empecé a encontrar la tensión abrumadora. El shock de enfrentarse a dos niños ya mayores, de 5 y 6 años, fue una tarea enorme. Tomar consciencia de que esto no iba a ser un caso sencillo de dar un buen hogar de golpe a dos niños y que viviríamos felices para siempre y el amor sería suficiente empezó a naufragar.

Las grietas empezaban a asomar y nosotros empezábamos a ver lo que era realmente una asignación complicada.

No voy a escribir mucho más en esta entrada para dar tiempo a mi cerebro a procesar la información y espero que lo que escribo pueda servir de apoyo a cualquiera que realmente esté en un punto crítico y empiece a perder la esperanza.

Haré todo lo todo lo posible para proporcionar información que les haga sentir que no está solos, su hijo no tiene nada malo, sólo están reaccionando a la vida que han vivido y están desesperados para que los acepten incondicionalmente.

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