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4/5/14

mi primera kafala

Este artículo fue escrito y publicado en la revista Niños de Hoy en un número (el 47) de finales de 2012 en el que dedicaron una monografía sobre la kafala en Marruecos y se publicaron diversas experiencias. En al revista lo publicaron bajo el título de "Madre tenaz: un proceso complicado". Su autora lo ha publicado también en su blog y nos ha permitido publicarlo aquí añadiendo además una pequeña revisión al final del mismo.


Al Fatiha es la oración de apertura del Corán, dice algo así como guíame por el camino recto… me parece simbólico. En ir de la crèche al juzgado tardaba lo que en recitar mentalmente una vez esta oración, a veces en un día la recitaba 10 veces, ida y vuelta del juzgado.

Cuando empecé con el proceso de adopción tenía preferencia por adoptar en un país africano porque había estado allí trabajando y me sentía vinculada especialmente a este continente. Tuve que ir descartando países por no cumplir los requisitos que exigían y finalmente que quedaron dos, Etiopia y Marruecos. Para decidirme decidí visitar las distintas ECAI, incluso plantearme países en otros continentes si es que me parecían mejor opción. De todos los países en los que podía adoptar el único que conocía y había visitado era Marruecos.

Asistí a una reunión en la asociación IMA donde dos madres que ya habían hecho una kafala nos explicaron el proceso y fue después de esta explicación que me decidí por Marruecos. Como supongo que le pasará a mucha gente me daba miedo tener que tramitar el proceso yo sola, pero por otra parte me encantó como hablaron de su proceso de adopción, de los niños y las crèches (los centros donde se encuentran los menores de 6 años), y me gustaba poder controlar el proceso tan de cerca.

Cuando por fin tuve el Ci las informaciones sobre los procesos en Marruecos eran bastante desalentadoras, no asignaban niños en las ciudades donde se había dirigido la mayoría de familias, había familias estancadas en medio del proceso sin saber cómo terminaría… así que esperé.

Esperé y desesperé un poco, hasta que decidí intentar contactar con nuevas ciudades para ver las posibilidades. Así fue como por casualidad encontré a mi hijo.

Mi madre y yo llegamos a Marruecos después de un primer contacto telefónico y no conocíamos nada de la ciudad en la que estábamos, eran solo las 7 de la tarde y salimos a comprar agua y dar un paseo. A los dos pasos nos encontramos frente a la puerta de la crèche y pensé que mi niño seguramente estaba ya allí dentro. En ese momento hablamos que el proceso podía durar un poco ya que no conocíamos ningún antecedente de kafala en ese juzgado pero que una vez empezado, ese sería el niño y no lo podría dejar.

Por la mañana, ya dentro con la asistente social y después de hablar un rato me dijeron que había solo un niño que podía ser kafalado, y me preguntaron si quería verlo. Casi antes de poder decir que si me lo pusieron en brazos. Era un bebe muy pequeño, mucho más de lo que me había imaginado que sería y temblaba. No me atrevía a mirarlo. Entonces mi madre le dijo: ¡Qué ojos tan bonitos que tienes! Y entonces levantó la cabeza y me miró… y si… tenía unos ojos preciosos, enormes y negros.


El camino no fue nada recto.

Desde esa mañana de la asignación hasta que me dieron su kafala y pudimos empezar a tramitar el pasaporte y el visado para llegar a casa pasaron 18 meses.

No podría explicar la causa exacta de que el proceso se alargara tanto, fueron muchas cosas. Por una parte los extranjeros que habían realizado una kafala en ese juzgado no hacían los seguimientos requeridos por el juez, por otra parte el hecho de ser monoparental tampoco ayudó mucho ya que era el primer caso que se daba en el juzgado y siempre me sorprendía algún puente o vacaciones… tampoco ayudó que los papeles del niño se perdieran en el juzgado y aparecieran meses después en la carpeta de otro niño. Fue duro, fue difícil, muchos viajes a Marruecos, mucha desesperación, pero aprendí muchas cosas.

No esperaba cuando empecé que el proceso fuera a ser así, que debería hacer yo todos los papeles, incluso redactarme mis propias demandas y recursos (con la inestimable ayuda del escribano público), ni tenía ni idea que llegaría a moverme por un juzgado marroquí con la seguridad que llegué a hacerlo (yo, que me perdía en mi propia ciudad), no tenía ni idea de las preguntas que llegarían a hacerme, ni sabía las muchas cosas que viviría en la crèche, , ni las personas que llegaría a conocer, ni cómo podía cambiarte un proceso así y afectar a un niño tan pequeño. Cuando empecé, no tenía ni idea de nada.

Mi hijo a veces me recibía con besos y una sonrisa, otras veces enfadado, otras me pegaba y luego me abrazaba y se ponía a llorar. Cuando me iba me buscaba detrás de todas las puertas de la crèche y se quedaba sentado en una esquina sin querer hablar con nadie. Un día que llegué me dijo su primera palabra, se acercó al verme en la puerta, me señaló y dijo: ¿titi? (¿te sientas?).

Cuando empezó agosto y el juez se fue de vacaciones perdí la esperanza de llegar a obtener la kafala, me volví a casa y me despedí de todo el mundo.

Pero volví al cabo de un mes otra vez e hice el interrogatorio con la policía (dos días seguidos…) porque las entrevistas que había hecho antes con las otras autoridades no habían sido suficientes y el juez dijo que firmaría. Y un lunes por la mañana cogió la hoja verde de un montón, la firmó y salió del despacho para dársela a su secretario. Cuando entré en la crèche con la copia de la sentencia en la mano se la leyeron todas las cuidadoras y empezaron a gritar yu-yu. Esa noche lo celebramos comiendo harira y dulces con ellas mientras todos los niños dormían.

El día siguiente salimos de la crèche y mi hijo durmió una siesta de 4 horas en la cama del hotel. A partir de aquí la logística fue un poco más complicada, era Ramadán y todos los restaurantes estaban cerrados hasta la puesta del sol, coordinar las mega-siestas con los horarios del juzgado para conseguir los documentos para el pasaporte era complicado y yo estaba agotada del proceso, así que el trámite lo terminó un abogado.

Finalmente un viernes de mi segundo Ramadán en Marruecos, a las 4,30h de la tarde, conseguí el pasaporte de mi hijo. Estábamos sentados en un banco delante de la ventanilla del funcionario esperando a ver si ese día nos podía hacer el pasaporte y entonces le llamaron, me miró y me dijo: El Gobernador quiere verte. Subimos y subimos escaleras hasta llegar a su despacho. Solo quería saber cómo eras, me tengo que asegurar que no lo quieras para algo malo – cogió al niño en brazos y lo levantó en el aire – a la chance!. Y firmó el pasaporte.

Y salimos del edificio con un sol enorme de setiembre que empezaba a bajar del cielo y fue como un final de película en tecnicolor.

Bueno, evidentemente no fue el final de los trámites, también tuvimos problemas con el visado de entrada en España, por algún problema denegaron la primera petición de visado y lo que debería haber tardado 4 días tardó 21… pero llegamos a casa en octubre.


Hemos hecho los seguimientos en el Consulado que ha pedido el juez desde Marruecos. De forma más informal envío fotos a la crèche y mantengo correspondencia con la asistente social. No me gustaría que ninguna familia más, ni ningún niño, tuviera problemas porque yo no hago los seguimientos… tampoco me gustaría que pensaran que me lo llevé para hacerle algo malo.


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Desde que redacté este texto para la revista Niños de Hoy han pasado un par de años. justo en ese momento, en el que escribía eso había empezado mi segunda kafala en Marruecos, una kafala que, gracias a la experiencia de la primera esperaba mucho más tranquila... y realmente ha sido mucho más tranquila, pero no porque haya sido un proceso más fácil sino por eso que supongo llaman "ser más maduro". Cuando escribía ese artículo ya tenía al que iba a ser mi segundo hijo asignado. Recuerdo como entonces decidí no contarlo, decidí no hacerlo casi ni a los miembros de mi familia y solo a unos pocos amigos, ya que me suponía una tensión emocional demasiado grande, solo de pensar que podía pasar otra vez lo mismo, o peor, ya que era consciente que, aunque la gente de mi alrededor incluso la gente en Marruecos considerara que iba a ser mucho más fácil porque ya tenía un niño en kafala, podía no salir bien.

Y supongo que no salió bien. Después de la asignación, unos cuantos viajes, permanecer un tiempo en Marruecos, y demás cosas que hacemos todos cuando nos encontramos en situaciones así... Un día el niño ya no estaba. Como había pasado en el caso de mi primer hijo pasó una familia por la crèche que decidió ir al tribunal y pedir la kafala del niño. En este caso el juez, otro distinto al de la primera vez, decidió dárselo y en menos de una semana el niño estaba ya con ellos.

Si alguien ha seguido el tema de las kafalas sabrá que se prohibieron las kafalas a extranjeros y que unas cuantas familias, los periódicos hablaban de unas 40 pero seguramente eran más (yo no mantenía contacto con ninguna así que intuyo que a mi no me contaban en ese número e igual le habrá pasado a otras familias), nos encontramos con asignación, algunas veces ya con la mitad del proceso realizado, y sin poder continuar, en un limbo del que nadie sabía sacarnos.

Creo que el juez tomó la mejor decisión. Incluso en ese momento en que me me dio un bajón y me sentí muy triste, sabía que era la mejor decisión. No hubiera tenido mucho sentido tener una pataleta ya que la balanza se inclinaba claramente hacia un lado. Crecer en una crèche no es lo que tiene que hacer un niño, si puede salir debe salir... lo antes posible.

Una vez escribí en mi blog sobre qué eran para mi realmente problemas con la kafala, fue antes de esto... y bueno, sigo pensando los mismo.

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24/11/13

cuando la familia falla

Después que saliera a la luz el artículo de Reuters que podéis leer en inglés aquí y que comentamos en otro post recientemente, han salido numerosos artículos hablando sobre las adopciones truncadas.
 
Queremos destacar este que os traducimos aquí, publicado en Rainbowkids, una de las webs de adopción más relevantes de Estados Unidos que incluye un photolisting (listados con fotos de niños/as adoptables) en el que a menudo se presentan niños para ser re-colocados después de una adopción fracasada aunque siempre a través de los cauces legales, y escrito por Martha Osborne, ya que consideramos que da unas ideas generales y muy completas., aunque sean desde al perspectiva americana.
 
Marta Osborne es una adulta adoptada, madre de a 5 hijas a través de la adopción y la madrastra o de 3 chicos. Fue cofundadora de RainbowKids, fundada en 1995 con el fin de ayudar a las familias a aprender más acerca de la adopción y especialmente a informar sobre la adopción de menores con necesidades especiales.  En los últimos años, RainbowKids se ha diversificado para apoyar los programas humanitarios que trabajan para mantener a los niños en sus familias de origen, y a programas de asistencia a los niños a recibir consultas médicas y terapias dentro de sus países de origen.  

Como siempre que traducimos un texto, éste no representa las ideas de la web o de las personas que participan en este blog, únicamente lo traducimos para que sirva de reflexión y para mostrar distintos puntos de vista de distintas situaciones relacionadas con la adopción.

En una de las series de artículos de lo más terribles y reveladores aparecidos en la prensa esta semana y en la cadena NBC en el Today Show, la reportera Megan Twohey narra en  un mundo de familias que fallan y de niños que sufren. The Child Exchange: Inside America’s Underground Market for Adopted Children (Dentro mercado underground americano de los niños adoptados) se centra en unos grupos de yahoo y en una página de facebook creados para que, de forma privada, contacten familias en crisis con sus hijos adoptivos con familias que quieren “adoptar” (simplemente ser propietarios) de estos niños. A esto en el artículo de le llama “re-homing” (re-colocar), en muchos casos estos actos de desesperación son ilegales, inmorales y provocan estragos en los niños.
 
 

Algunas adopciones fracasan. Esto no es un secreto que guardan las agencias de adopción o las familias adoptivas. A pesar de los grupos de apoyo, el apoyo post-adoptivo, consejeros, formadores y mentores para las familias que quieren adoptar a menores en los grupos de mayor riesgo, necesidades especiales (niños mayores, grupos de hermanos...), hay un porcentaje de adopciones que no acaban bien. En muchos de estos casos los recursos resultan insuficientes no están infrautilizados. En otros casos, las necesidades de la familia son mayores que cualquier intervención que se pueda realizar.

La Child Welfare Information Gateway tiene una publicación excelente que cita meticulosamente estudios sobre las adopciones fracasadas y las disoluciones, que deja claro que a menudo estos fracasos combinan diversas causas que involucran tanto a los padres adoptivos, cómo la edad e historia del niño en el momento de la adopción y sus comportamientos, y los recursos de formación y post-adopción ofrecidos a la familia. Estas no son excusas, son los resultados de los estudios llevados a cabo con familias adoptivas con la intención de mejorar los procesos adoptivos.

¿Qué es una ruptura?

En término interrupción o ruptura se utiliza para describir un proceso de adopción que termina cuando el niño ya se encuentra con la familia (en acogida)pero antes que se haya producido la adopción legal, y implica la vuelta del niño al sistema de acogimiento en hogares de acogida o residencia, o nuevamente adoptado por otra familia.

¿Qué es una disolución?

El término disolución se utiliza generalmente para describir una adopción en la que se ha roto o disuelto la relación legal entre los padres y el hijo, ya sea de forma voluntaria o involuntaria, después de una adopción legal. Esto implica la vuelta del niño al sistema de acogimiento en hogares de acogida o residencia, o nuevamente adoptado por otra familia.

Debe distinguirse entres disolución legal o la ruptura de la adopción y los casos aparecidos en le documental de Reuters sobre los “anuncios” privados de niños o la “re-colocación” de niños por sus familias adoptivas (sin supervisión legal).

Uno es un proceso legal, hecho por el interés superior del menor, el otro es tráfico de menores.

Se dan ambas situaciones (disolución legal e ilegal de la adopción). La ruptura/disolución legal se da después de tener a una familia en crisis trabajando mediante asesoramiento, recursos de apoyo familiar, hasta decidir que ese niño en esa familia tiene necesidades que superan de largo las capacidades de la familia. Es DURO disolver una adopción. Una familia, a menudo una buena familia, pueden pasar años intentando seguir juntos y que las cosas funcionen. En muchos estados (se refiere a Estados Unidos) no existen procesos legales establecidos para la disolución de la adopción. Los hijos biológicos y los adoptados son tratados de forma idéntica desde el punto de vista legal (como debe ser). La disolución legal del vínculo familiar puede no ser posible. Lo niños no pueden pasar a ser acogidos por el estado voluntariamente por sus padres, como cree mucha gente. La falta de servicios de salud mental, apoyo e intervención pueden llevar a una familia en crisis a sentirse desesperada y sin una dirección a seguir.
 
Los niños vulnerables, las familias en crisis, la poca supervisión y los predadores, son una combinación que puede llevar a resultados desastrosos. Los artículos de Reuters se centran en Nicole Eason, una pervertida manipuladora que se aprovechaba de familias en circunstancias desesperadas. Después que le retiraran ala custodia de sus hijos biológicos, Eason y sus maridos/parejas se movían de un estado a otro, obteniendo la tutela de 6 niños diferentes.
 
El artículo se centra en Eason y diversas familias que buscaban nuevas familias para sus hijos, de forma privada, a través de internet utilizando diversos grupos de yahoo.

El término “reclutamiento de familias” lo utilizan las agencias y los trabajadores de bienestar familiar que buscan familias interesadas en la adopción. Tanto las agencias de adopción legal como los trabajadores sociales buscan familias a través de diversos medios. Estos incluyen páginas web, medios de comunicación y otras formas de publicidad. Estos métodos utilizados no son muy diferentes a los utilizados por estas familias para buscar otras familias. Es lo que pasa cuando se encuentra a una familia lo que es distinto.
 

El estudio psicosocial.

En un proceso legal, una familia interesada en adoptar a un niño empieza un proceso legal o contrato que requiere de un estudio psicosocial. El estudio psicosocial incluye la revisión de los antecedentes penales, una visita al hogar, asesoramiento y formación, y una minuciosa investigación de los antecedentes de la familia o individuo interesados en criar a un hijo a través de la adopción. También evalúan las capacidades de los padres para criar un hijo con diferentes necesidades.
 
Lamentablemente, las familias de las que se habla en los artículos no utilizaron los servicios de una agencia legal de adopción. Actuaron solos, utilizando los grupos de internet que no ofrecen ningún tipo de investigación sobre las familias interesadas. Y cómo destacan los artículos, los niños se vieron afectados. No hay nadie que lo niegue.
 
Pero, de nuevo, algunas veces las adopciones FALLAN. Un hecho interesante es que los 261 casos utilizados por Reuters para elaborar su informe “The Child Exchange: Inside America’s Underground Market for Adopted Children” fueron descubiertos por Dawn Davenport, fundador de la web Creating a Family. Después de investigar los casos, Dawn descubrió que muchas, de hecho la mayoría, de las familias involucradas estaban utilizando una agencia de adopción autorizada. Esto significa que estas familias deben tener un estudio de sus antecedentes y del hogar. Damos este dato para mostrar que el “mercado de comercio ilegal de niños” puede ser mucho, mucho menor que el que el artículo de Reuters conduce a los lectores a creer. Que el problema real de estas familias que esquivan la ley y hacen cualquier cosa éticamente inimaginable es uno que se puede solventar. Podemos llegar a estas familias en crisis y ofrecerles esperanza, apoyo y opciones que sean para el mejor interés del menor.

Como trabajadora en la defensa del niño que ha recomendado de forma continua a las familias trabajar únicamente con profesionales autorizados, acreditados, que hayan sido minuciosamente examinados para tratar temas de adopción, la frustración que produce que en Estados Unidos puedan seguir dándose casos en los que los niños pasen de una familia a otra sin ningún tipo de supervisión es indignante. Cualquier familia que desee obtener la tutela de un menor debería estar obligada a pasar por un proceso de estudio pisco-social. Un proceso que sólo debe poder ser realizado por un trabajador social o agencia de adopción con licencia. Debe incluirse también una supervisión posterior a la adopción. La serie de artículos de Reuters destacan la deplorable realidad de las leyes que se bordean, no se ejecutan o simplemente no existen.

Estas atrocidades han sucedido. No tiene por qué repetirse. Todos estaremos de acuerdo que debe tenerse en cuenta crear nuevas leyes sobre la tutela de los hijos, ya sean biológicos o adoptados, y ponerlas en práctica. El tráfico de menores es inaceptable y debe evitarse.

En la actualidad, las familis en crisis, tienen opciones limitadas. Queda mucho trabajo por hacer. Algunas de las mejoras que podrían hacerse son:
 
  • Formación pre-adoptiva: Ayudar a las familias a tomar buenas decisiones requiere de una buena formación. Ya existe esta formación, "Adoptiong Lerning Partners"es un recurso fantásticos y, ya que el gobierno de Estados Unidos está invirtiendo dinero en sitios web como adoptUSKids.ord, financiar una formación en linea no sería una idea descabellada. Deberían compartirse los recursos, si existe un buen sistema de fromación para padres y madres biológicos, se podría adaptar a la formación de los apdres y madres que adoptan internacionalmente. Los padres y madres necessitan tener la mayor cantidad de información posible. Deben aprender que los menores que provienen de lugares duros requerirán de una crianza terapéutica (podemos citar aquí a la increible Dra. Karyn Purvis). La ignorancia de esta situación es inaceptable. Debería ser obligatoria una formación intensa, esta formación está disponible ya, no es necesario volver a inventar la rueda.
  • Apoyo en la post-adopción: Todo el mundo habla de ello y se han hecho muchos avances en los últimos 10 años. Pero en realidad no hay nigún sitio web único en el que pueda encontrarse específicamente recursos, grupos de apoyo, terapeutas, etc, post-adoptivos cerca de sus lugares de residencia. una vez más la opción de formación en línea puede sustituir a la presencial y ser muy beneficiosa.
  • Intervención: A veces, se enfoca tan intensamente el problema en la adaptación del niño que el ajuste o depresión post-adoptiva por parte de alguno de los padres puede pasar desapercibida. No siempre "es el niño". A menudo es una combinación de factores que supera la capacidad de la familia para salir adelante. Explicar a la familia extensa y a los amigos la mejor forma para apoyar a la nueva familia adoptiva puede generar el soporte necesario y evitar que se produzca una crisis.
 
Cuando todo lo demás falla.
 
La primera opción para una familia debe ser su agencia de adopción, original, si es posible. Hay algunas familias que se sienten inseguros sobre esto. Temen que los funcionarios estatales de bienestar se involucren en su familia (y puedan perder la custodia de sus otros hijos). La verdad es que, el personal de la agencia de adopción, están obligados a informar a los funcionarios del estado sobre cualquier sospecha  de abuso o negligencia. Pero no por ello se debe temer a la agencia. Son profesionales capacitados y capaces de ofrecer apoyo y recomendar recursos a las familias que se encuentran en esta situación.
 
Pero esta no es siempre una opción. Hay agencias que han cerrado o las relaciones entra la familia y la agencia no son fluidas. Nuevamente si se compartieran recursos con  los programas ya existente financiados por el gobierno esta podría ser una opción a la disposición de las familias si se dispusiera de financiación adicional.
 
Las agencias que trabajan con familias que desean interrumpir o disolver la adopción, existen. En RainblowKids no vamos a dar nombres. Se deba hacer una búsqueda en internet y la familia debe recabar información sobre la agencia, su reputación y sus intereses.
 
Daños colaterales: las familias adoptivas.
 
La mayoría de familias adoptivas son como las familias biológicas. Queremos y apreciamos a nuestros hijos. Estos niños y niñas que llegan a nuestra familias de entornos difíciles son nuestros regalos más preciados. Dadoq eu soy adoptada y madre adoptiva, leer estos artículos ha sido profundamente inquietante y doloroso. Me duele por los niños y niñas que han sufrido, por las familias que se sienten desesperados, por los niños y niñas adoptados a los que les va bien y ahora deben enfrentarse a adultos y compañeros que ahora perciben qeu estas situaciones son "la norma" para las familias adoptivas. Eso es: que no queremos a nuestros hijos, que nos damos por vencidos que comerciamos cons ellos como si fueran mercaderías cuando las cosas se ponen difíciles. Es cierto que los artículos de reuters pueden arrojar luz sobre una seria de prácticas terribles, trágicas y deplorables, pero al mismo tiempo deformar o incluso confirmar en las mentes del público en general que las familias adoptivas son muy diferentes de las familias "normales".


  

Como las familias adoptivas, nos convertimos por defecto en portavoces de la adopción. Cuando los programas de televisión salen al aire o se publicar notícias en internet, nuestros amigos y familiares esperan de nosotros una reacción. Es comprensible que estemos indignados. Deberíamos estar indignados por los niños que han sufrido. Pero hago un llamamiento a todos los apdres: Nuestros hijos están escuchando.
 
Nuestros hijos se miran en nosotros para dar sentido a las preguntas que ellos también reciben de algunos adultos o de amigos. Comentarios como: "Eres muy afortunado, tus padres nunca te van a vender a un extraño" pueden ser abrumadores y confusos. Imaginad a un compañero de clase diciendo: "¿Eres adoptado? ¿Tus padres te hacen cosas malas? ¿Duermes con ellos en su cama?" Este tipo de preguntas ocurren despues de este tipo de publicidad negativa. La situación puede ponerse fea. Un buen modelo de conducta y las respuestas adecuadas pueden ayudar a nuestros hijos a formar una identitat positiva y enfrentarse a los desafíos que representan personas poco informadas. Quizás sea el momento para invertir en un libro (W.i.s.e. Up Powerbook ) que ayuda a los niños a responder las preguntas difíciles sobre la adopción.
 
En público: menos es mejor. una vez ha empezado una conversación (frente a su hijo o hija) y ya no tiene control sobre lo que dicen los demás, un simple: "Si, he leido sobre estos casos tan raros. Lo que pasó a estos niños es deplorable. Me gustaría que hubiera un artículo en profundidad sobre la alta tasa de éxito que tienen la mayoría de familias adoptivas" es una respuesta fácil, seguido rápidamente de un cambio de tema.
 
Es necesario un cambio. Debemos contruir un mayor apoyo para las familias en crisis. En los peores casos y situaciones, también debe proporcionarse a los niños un refugio seguro y un proceso para proporcionar estabilidad a estos niños.
 

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21/11/13

¿son los padres que renuncian a sus hijos adoptivos indiferentes o no están preparados?


Esta es la traducción de un texto publicado en el New York Times por Tina Traster, madre adoptiva de una niña de origen ruso y autora del libro "Rescuing Julia Twice: A Mother’s Tale of Russian Adoption and Overcoming Reactive Attachment Disorder" (Rescatando a Julia dos veces: La historia de una madre por adopción en Rusia y cómo superar el desorden de apego reactivo) que va a publicarse próximamente en Estados Unidos. Si te interesa puedes visitar su web.
 
Como siempre que traducimos un texto, éste no representa las ideas de la web o de las personas que participan en este blog, únicamente lo traducimos para que sirva de reflexión y para mostrar distintos puntos de vista de distintas situaciones relacionadas con la adopción.
 
La semana pasada recibí un e-mail de una madre sobre como adoptó a un niño huérfano de origen ruso hace 13 años y la forma en la que todo salió mal. En unas frases directas me contó cómo ha viajado dos veces a Siberia. Me contó que su hijo ha estado entrando y saliendo de centros de detención juvenil. Ahora, a los 1 años, está bajo la custodia del estado y no quiere saber nada de ella. Esta mujer estaba devastada y no podía dar sentido a todo lo sucedido. Me dijo que después de invertir todo lo que tenía en ese niño, económica y emocionalmente, se ha quedado con nada ni nadie.
 
Sabía que yo la entendería. Había leído un ensayo que escribí sobre la dificultades que tuvimos, mi marido y yo, criando a nuestra hija adoptada en Rusia, y sabía que tenía un libro de memorias centrado en la adopción y el trastorno de apego que va a ser publicado el próximo año.
 
En su e-mail me preguntaba si podía llamarla. Lo hice. Hablamos de cómo mi marido y yo trabajamos con nuestra hija los primeros años cuando no se vinculaba, cuando teníamos un miedo de muerte a que no nunca fuera capaz de apegarse a nosotros o querer a los demás. Estaba feliz de saber que las cosas al fin salieron bien. Sobre todo, esta mujer, necesitaba liberar sus sentimientos de culpa, incapacidad y desesperación. Quería deshacerse de su carga. Quizás con solo hablar con ella podía ayudarla a hacerla más ligera.

 
  
Curiosamente, tuvimos esta conversación horas después de haber leído un informe de investigación de Reuters sobre el "realojamiento", una horrible historia de cómo algunos padres de niños adoptados internacionalmente se había ido "deshaciendo" o "regalando" a sus hijos a extraños, sin la intervención de agencias estatales, consejeros e incluso sin abogados. El artículo es cómo el guión de una película de terror: una persona adoptada en Liberia, con problema de salud y comportamiento severos, que había estado con una familia adoptiva 2 años fue entregada a otra familia en el exterior de su parque de caravanas. Sin abogados o servicios sociales involucrados en ese intercambio. Los padres de al menor adoptada simplemente firmaron un acta notarial declarando que ese extraños se convertían en los guardianes de su hija.
 
Reuter analizó más de 5000 entradas sobre "realojamiento" en un periodo de 5 años en una lista de correo de Yahoo. La mayoría de los niños habían sido adoptados en el extranjero, de países cómo Rusia, Cina, Etiopía y Ucrania. En un caso el anuncio decía: "Adoptamos a una niña de 8 años de China... Desafortunadamente estamos luchando después de tenerla en casa 5 días". ¡Guau, cinco días enteros y ya están dispuestos a renunciar a ella!
 
Si no eres un padre adoptivo de un menor de el extranjero, puedo apostar a que su cerebro es incapaz de imaginar algo tan atroz. ¿Cómo puede un padre deshacerse de su hijo? Incluso si el niño no responde al amor o parece estar lleno de odio ¿cómo puedes entregarlo a un extraño? Una persona así no es tan solo no apto cómo padre, debe ser una persona depravada, sin corazón. ¿Verdad?
 
Como madre adoptiva, tengo información privilegiada sobre cómo puede ser de difícil una adopción. No creo que la gente viaje a China, Rusia y Etiopía con malas intenciones. De hecho, las personas que quieren criar a un niño que necesita un hogar probablemente empiezan con el corazón lleno de amor y optimismo. Pero, cuando vuelven a casa con su hijo y la emoción se calma, y los problemas comienzan ya que no pueden manejar a su hijo, sus sueños se convierten en pesadillas. Se encuentran solo, asustados, privados y llenos de pesar. ¿Cómo se comportan en esas circunstancias no sólo podría sorprender al mundo, también escandalizar a los propios padres? En uno de los mensajes de la lista de correo del artículo de Reuters, una mujer que había adoptado a un niño de 11 años de Guatemala escribía: "Me siento totalmente avergonzada de decirlo pero realmente ¡ odiamos a este niño!".

 
Naturalmente el artículo de Reuters nos hace aferrarnos a una solución rápida. Se han hecho llamamientos para que se revise la situación de estos padres e hijos adoptivos, junto a propuestas de para crear sistemas que eviten y contrarresten estas situaciones. La rotura de una adopción para poder encontrar una nueva casa a un niño puede tener éxito, tanto para la familia original como para el menor y la nueva familia, y a menudo el mecanismo legal utilizado por las familias es le mismo que menciona el texto de Reuters: el poder notarial. Pero ¿cómo podemos proteger a los niños contra el abuso de este poder (notarial)?
 
Esto es de los que creo que deberíamos estar hablando: muchos, tal vez incluso la mayoría, de los padres adoptivos no están realmente preparados para las consecuencias de ser el padre/madre de un menor que ha empezado su vida en una institución u orfanato. No estamos preparados para manejar un trastorno de apego reactivo, el síndrome alcohólico fetal, menores violentos o que se autolesionan. Mi marido y yo por ejemplo, no teníamos ninguna formación sobre estos temas antes de llevarnos a nuestra hija de 8 meses a casa hace diez años desde Siberia. Me han dicho desde la mayoría de estados que las cosas han cambiado, los futuros padres adoptivos deben asistir a talleres y leer sobre estos temas, pero yo conozco cómo me sentía después de haber leído un poco sobre ellos. Estoy realmente segura que la mayoría de nosotros creemos que con amor es suficiente, la herida va a desaparecer. Que con suficientes cuidados, cariño, comida y juguetes se puede borrar el pasado.
 
No podemos y no lo hacen. La adopción de un menor en estas circunstancias es rara vez una camino fácil. Si los padres tienen suerte, como nosotros hemos tenido, nos encontramos con recursos, con suficiente resilencia (capacidad de resistir al adversidad) y el amor que necesitamos.


 
La única cosa buena que puede surgir de las tragedias descritas por el artículo de Reuters es el esfuerzo de la sociedad para involucrarse en las vidas de las familias con hijos adoptados en el extranjero. Aquellos de nosotros que nos estamos hundiendo necesitamos más comprensión, apoyo y diálogo sobre que es para nosotros al experiencia de la paternidad. Debemos sentirnos más comprendidos y menos juzgados. Mientras todos hablan sobre que las agencias de adopción deben añadir servicios de post-adopción más consistentes, aún queda mucho por hacer. Lo ideal sería que las personas que trabajan, enseñan y cuidan de niños pequeños - de los maestros a los pediatras y terapeutas - fueran formados sobre los menores institucionalizados que han sido adoptados. Deberían estar capacitados para reconocer sus síntomas. En mi caso, si hubiéramos tenido profesionales alrededor que entendieran que era un desorden de apego reactivo, habríamos cogido los problemas de Julia antes.
 
Recibo e-mails muchas veces de padres de menores adoptados en el extranjero que están luchando. Lo que me dicen siempre es que se sienten consolados de saber que no están solos.
 
 
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19/11/13

terminando una adopción

Este artículo que traducimos, publicado en 2009 en uno de los blogs del New York Times se titula Mi hijo adoptivo. Es una história de la ruptura de una adopción.

Como siempre que traducimos un texto, éste no representa las ideas de la web o de las personas que participan en este blog, únicamente lo traducimos para que sirva de reflexión y para mostrar distintos puntos de vista de distintas situaciones relacionadas con la adopción.

La primera vez que consideré renunciar a D. estaba tumbada sola en la cama de matrimonio. Era medianoche, mis hijos dormían y mi marido estaba en una misión (del ejercito). Estaba tan sorprendida por ese pensamiento que me senté de golpe, corría al baño y me lavé la cara con agua fría. Estaba oscuro pero pude ver mi silueta en el espejo y lo miré esperando ver un demonio en vez de a la madre de D.

Corrí hasta la habitación de D con miedo de que ya se hubiera ido. Pero estaba allí, tumbado sobre sus sábanas del tren Thomas, chupándose el pulgar y respirando tranquilamente. Le acaricié la mejilla con dos dedos y exhaló. “Te quiero pequeño” se susurré, le besé la frente tragándome el nudo de la garganta. Volví a mi habitación y lloré sobre la almohada.

D. era mi hijo adoptivo. Es un pequeño niño originario de Sud África que llegó a nuestro hogar algunos meses antes de esa noche espantosa. Llegó al aeropuerto internacional de Miami un lunes por la tarde, yo estaba tan nerviosa que clavé las uñas en el volante dejando unas marcas. Todavía se pueden ver ahora. No podía contener mi emoción. Después de esperar largos meses podía finalmente tener a mi hijo en brazos y besarlo.

había querido adoptar desde hacía mucho tiempo, incluso antes de conocer a mi marido o tener a mis cinco hijas biológicas. Siempre he querido una gran familia, como la familia en la que crecí en Italia, y me encanta el caos y la alegría de tener muchos niños.

Investigué un montón sobre adopción, incluso sobre problemas de apego y otras complicaciones que pueden presentar los niños adoptados más mayores. Hablé con mi terapeuta y pasé por el minuciosos proceso con los trabajadores sociales para averiguar si yo, y mi familia, éramos aptos para un niño que necesitaba un hogar. Cuando nos hablaron de D. yo estaba muy emocionada y convencida que sería capaz de criar a ese niño de la misma forma que había hecho con mis hijas.

Cuando llegó a Estados unidos, nuestro pediatra le diagnosticó algunos problemas de salud que ya esperábamos y retraso del desarrollo. Su edad no estaba clara – lo habían encontrado en una cuneta – pero el doctor estimó que era algo menor de 1 año. D. no tenía fuerza en las piernas y tenía al cabeza completamente plana, de estar tumbado en la cuna muchas horas al día. Las primeras semanas en casa la gente me preguntaba si sufría una lesión cerebral. D. también sufría de coprofagia, se comía sus propias heces, lo que mi pediatra aseguró que superaban la mayoría de niños a los 4 años. Casi todas la mañanas, cuando lo iba a recoger a su cuna, me lo encontraba la cara y la ropa de la cama manchadas de caca.

Pero los problemas físicos o de desarrollo no eran el verdadero problema. Cinco o seis meses después de su llegada sabia que D. no se estaba apegando. Esperábamos su indiferencia hacia mi marido, que estaba destinado fuera la mayor parte del tiempo, pero nuestro hijo debería estar más apegado a sus hermanas y sobretodo a mi, su principal cuidador.

Su trabajador social, su pediatra y su neurólogo me decían que había pasado por mucho y que los problemas de apego eran de esperar en una adopción. Pero los problemas de apego de D. fueron sólo la mitad de la historia. También sabía que yo tenía problemas para vincularme a él. Era atenta y le proporcionaba a D. un buen hogar, pero no estaba conectando con él del mismo modo visceral en el que conecté con mis hijas. Y si bien era fácil y tranquilizador hablar a todos los expertos de los problemas de D., fue aterrador mirarme a mi misma. Ni una sola vez había considerado la posibilidad que viera a un niño adoptado de forma distinta a mis hijos biológicos. darme cuenta que no sentía a D. del mismo modo que sentí por mis propia carne y sangre sacudió los cimientos de quien yo pensaba que era.

Busqué ayuda e hice algunas terápias de apego, que consistían en ejercicios para fortalecer nuestra relación, sobretod juegos dada la edad de D. Él passaba mucho rato en mis brazos durante el día, cantábamos canciones, leíamos libros, repetía palabras mientras hacíamos contacto visual. Construímos castillos con bloques y fuimos a una classe de "mamá y yo".

Aún así, me costó. Un día (todavía no sé exactamente que diferencia había ese día en particular) estaba hablando al teléfono con Jennifer, nuestra trabajadoa social, que únicamente preguntó "que hay" cuando le solté que yo no podía seguir criando a D., que las cosas eran demasido difíciles.



 
Tan pronto como dije estas palabras en voz alta, un río de emociones me derbordaron, sollocé, agarando el teléfono con ambas manos. Jennifer no dijo nada, esperó paciente, y cuando ya lo había sacado todo me preguntó si quería empezar desde el principio. Hablamos sobre la familia; sobre los problemas que estábamos teniendo mi marido y yo con D. y, como resultado, entre nosotros; sobre la niñas y su indiferencia parcial hacia D.; y sobre algunos de los retos específicos de mi hijo.

Las semanas siguientes Jennifer y yo hablamos a diario. Ella escuchaba y me decía que me centrara en el futuro de D. y que pensara en su bienestar por encima de todo. Finalmente le dije que miraría algunos de los perfiles de familias potenciales, pero le subrayé que no me estaba comprometiendo a ello, solo estudiando las distintas opciones.

Mis pensamientos y emociones estaban desarticuladas y llegaban en tromba. Aveces estaba convencida a quedarme con D. ya que le quería. Un momento después, me daba cuenta que no era la madre que sabía que podía ser y que debería entregar a D. a una familia mejor, con una madre mejor.

Mientras yo luchaba con mis demonios, las cosas en casa seguían siendo muy tensas, cuando mi marido estaba en los Estados Unidos peléabamos sin cesar. Sentía que estaba nadando a contracorriente hasta que una mañana llamó Jennifer y me dijoq eu había encontrado una familia para D. Habían visto su historial, conocían su situación, y se habían enamorado de él. La madre, Samantha, era psicóloga y la familia había adoptado a un niño con problemas similares un par de años antes.

Hablé con Samantha y su marido unas pocas veces por teléfono y de buenas a primeras me sentí cómoda con ellos. Durante una de nuestra conversaciones decidimos que era hora que conociera a D. en persona, para facilitar la transición.

Esto siginificaba que la decisión era definitiva, D. iba a dejar nuestra casa.

Mientras esperaba que llegara Samantha, Jennifer me ayudó a hablar con mis hijos, los miembros de la familia, incluso con extraños, pero lo más importante me cogió la mano a la hora de hablar con mi hijo. Le expliqué que se uniría a una nueva familia y que le querrían muchísimo - que no había hecho nada malo. No sé que entendió ya que era muy pequeño y nunca respondió a mis palabras.

En mi primer encuentro no la nueva mamá de D. iba hecha un desastre. Vestí a D. con su ropa más bonita, polo de color blanco y pantalones azules, le senté en la silla del coche y me fui al McDonalds dónde había quedado con Samantha.

El viaje en coche era corto pero, cada vez que me acercaba a un semáforo, me entraba el dolor y me daba la vuelta, dispuesta a quedarme con D. El viaje de 5 minutos fue un viaje de 30 y, cuando por fin llegué al parquing del McDonalds estaba agotada. Me temblaban las manos, tenía la boca seca y mis ojos estaban enrojecidos. Samantha nos reconoció tan pronto como bajamos del coche y vino corriendo hacia nosotros. Sus ojos se iluminaron cuando se acercó a D. y se agachó a su altura para abrazarle.
 
En los siguientes días, Samantha y D., empezaron a conocerse el uno al otro y entonces fue el momento de que D. se fuera con ella. Esa mañana la dejé entrar torpemente en mi casa y me tomé una pausa. Con las manos temblorosas le di la bolsa con las cosas de D. y algunos de sus juguetes favoritos. Mis hijas estaban mirando Bob Esponja y le dijeron adiós a su hermano con indiferencia, como si se fuera sólo un rato y fuera a volver.

A cámara lenta abría al puerta de mi casa. Me sentía pesada y los pies se me quedaron pegados al suelo. Samantha me dijoq ue me daría unos minutos a solas con D. y se fue rápidamente hacia el coche. Me arrodillé y acerqué a D., queriendo desesperadamente dejar un recuerdo imborrable de mi mi hijo e mi, y mio en él, inhalando su aroma, sentir su suave piel y tocar su grueso pelo. En los últimos minutos juntos, me mirá a los ojos y le dije que lo quería y que había tratado de hacerlo lo mejor posible.
 
Su nueva mamá lo querría mucho, tanto; mi hombrecito estaría bien.
 
No lloró, me devolvió la mirada y luego miró a Samantha y le pidió más zumo. Yo estaba demasiado abrumada para pronunciar otra palabra, però Samantha me apretó la mano y me aseguró que D. sabría que lo había querido y que había hecho un buen trabajo.
 
Las siguientes semanas fueron una mezcla de emociones, desesperación, alivio, tristez, culpa, vergüenza y finalmente aceptación. Después de un par de meses en casa de samantha supe que D. estaba haciendolo muy bien y adpatándose a su nueva vida. Estaba tratando con algunos problemas, pero sé que Samantha y su marido son los mejores padres que D. podría tener. Han hecho todo lo posible para adoptarle legalmente, para darle la bienvenidoa en su hogar y proporcionarle la mejor atención que puede recibir. El hecho de que tenga un hermano que ha pasado por problemas similares ha hecho la transición más fácil. Samantha me comentó que D. nunca tiene suficiente de su hermanbo o la de la atención de su padre. 
 
Mi marido me pidió al principio que no hablara sobre D. ya que sólo me expondría a ser criticada. Pero escribí este texto porque D. me ha enseñado mucho sobre mi misma y sobre la paternidad /maternidad y porque espero compartir esta experiencia con otros que pueden sentire solos en su fracaso. D. desinfló mi ego mostrándome mis limitaciones. Debido a mi hombrecito tengo más compasión por los errores que comentemos cómo padres y estoy mucho menos dispuesta a apuntar con el dedo los problemas de los demás.
 
Aún estoy procesando toda esta experiencia y creo lo que estaré siempre.
 
No he dejado nada del tiempo pasado con D. en casa. Samantha no quiso la ropa de D., creo que prefirió un nuevo comienzo, así que lo doné todo al Ejército de Salvación. No tenemos fotos de D. ya que mi marido pensó que sería demasiado difícil, pero en mi cartera llevo una pequeña foto de la carita de D que le tomés después de su primer corte de pelo. Cuando pienso en él la sacó para mirar sus enormes ojos y mi corazón se llena de tristeza.
 
Gracias pequeño D. por todo lo que has sido para mi y para los demás. A pesar de mis errores, te quise de la mejor manera posible y nuca voy a olvidarte.
 
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15/9/13

adopción fracasada

Este es un artículo traducido de la web de una asociación americana (Christian Homes and Special Kids) que busca padres adoptivos a niños/as que los necesitan (o al revés), que no es propiamente dicho una agencia de adopción. Habla sobre un niño, un niño pequeño que quedó huérfano junto por lo menos otro hermano, y después de vivir institucionalizado fue adoptado y rechazado para, al fin, volver a ser adoptado por otra familia.

El artículo se titula adopción fracasada.

Se han publicado en España algunos artículos que hablan de las adopciones truncadas o de los problemas que presentan algunos niños y niñas para ser adoptados. Esta es una historia real de un niño real, de una familia real, a los que podemos poner, si bien no cara si emociones que los hacen mucho más cercanos que un porcentaje o un número.

Aunque no se tiene cifras sobre el número de fracasos en la adopción en españa y que realmente el proceso y la concepción de la adopción en España es muy distinta a la de Estados Unidos y nunca podrían darse casos cómo el que se describen en esta noticia, la realidad es que también se dan adopciones truncadas. Por supuesto que no solo falla la familia, cómo puede leerse en la traducción que os incluimos, pero es importante que los futuros padres y madres adoptivos reflexionen sobre lo que implica la adopción, pero también sobre las dificultades añadidas debidas a la institucionalización, el abandono, la negligencia, los abusos, etc... que puede haber sufrido su futuro hijo o hija.

Como siempre que traducimos un texto, éste no representa las ideas de la web o de las personas que participan en este blog, únicamente lo traducimos para que sirva de reflexión y para mostrar distintos puntos de vista de distintas situaciones relacionadas con la adopción.

 
 
Esta entrada ha estado luchando por salir por algún tiempo ya. He intentado reprimirla con un millón de “y si...” y finalmente he llegado a acepta el hecho que mis “y si...” eran realmente una forma de pretender y engancharme a la idea que nuestra adopción ha sido perfecta en todos los aspectos. Y no lo ha sido. Y tampoco ha sido perfecta para todos nuestros hijos, sobretodo para nuestro hijo de 12 años, Lemuel.
 
Las circunstancias del nacimiento de Lemuel pertenecen a su historia privada y por respeto a él solo voy a compartir lo que es absolutamente vital para comprender porque se convirtió en una “adopción truncada”. Lemuel nació de una madre pobre y físicamente enferma que murió solo un mes después de entregarle. La madre biológica de Lemuel sufría desnutrición. Ella no lo “rompió”, hizo lo mejor que pudo, pero él nació con desventaja respecto a los niños bien alimentados de su edad, compañeros de la misma edad muy deseados. Se creó una fisura...

Lemuel esperó en un orfanato en Asia durante 7 años para encontrar a su familia. Estaba en un fantásticos orfanato cristiano dirigido por una familia a la que respeto muchísimo. Ellos no “rompieron” a nuestro hijo. Le alimentaron, vistieron y entrenaron pero ellos no eran un núcleo familiar. Ellos serían los primeros en decirte que lo que necesita un niño es una mamá y un papá a los que llamar suyos y una “familia normal” para desarrollarse hasta su mayor potencial. La fisura se ensancha un poco mientras espera...

Después de 7 largos años, Lemuel, fue entregado en adopción junto a uno de sus hermanos biológicos. Esta adopción duró 2 semanas hasta que esta familia reconoció que no estaban preparados para los desafíos que estos dos niños presentaban. Rompieron con esta adopción y Lemuel y su hermano fueron colocados en distintos hogares de acogida considerando que era lo mejor para ellos. Esta primera familia no “rompió” a nuestro hijo, pero la fisura esta vez ser ramificó...

La nueva familia de acogida de Lemuel lo acogió, indudablemente, con la mejor de las intenciones. Ellos querían ayudar a niños que lo necesitaban. En un ambiente de seguridad, Lemuel, empezó a mostrar toda la tristeza y enfado que sentía ante estas circunstancias de su vida que nunca había podido controlar. Esta expresión salió en forma de violencia. La familia tenía sus propios hijos biológicos a los que proteger. Lemuel era demasiado peligroso para quedárselo. Él necesitaba mucho más de lo que con seguridad le podían ofreces así que llegó el momento de seguir adelante. La fisura en el alma de nuestro hijo se convierte en una gran grieta que rezuma cosas feas...

Lemuel es colocado en un hospital psiquiátrico con un parche que le suministraba medicación continuamente. Tiene 8 años. Este medicamento mantiene las rabietas a ralla y pone una tirita en la grieta abierta, la herida mortal. Cuando su tristeza la atraviesa le dan también pastillas además del parche. Está etiquetado. Está solo en un país extranjero, sin familia, sin hermanos y nadie para luchar realmente por él. La base de este niño se rompe en mil pedazos y dice que no quiere vivir más. Es un montón de fragmentos rotos...


Supimos de Lemuel a través de nuestra agencia de adopción y acordamos ir al hospital psiquiátrico y conocerle.


Nos llevamos a nuestros tres hijos con nosotros porque queremos que entiendan lo máximo posible sobre este niños que puede (o no) unirse a nuestra familia. Nos encontramos a Lemuel en una gran cafetería del hospital. La habitación huele a pizza rancia y leche. Es una pequeña figura al final de una larga mesa sentado junto a una asistente social. Nos acercamos a él y está ATERRORIZADO. Sus ojos se mueven a cada uno de nuestros rostros y después alrededor de la habitación. Nunca se para de mover. Quiere estar en cualquier sitio menos en ese, preparándose para otro probable rechazo por personas que no significan nada para él y que lo simbolizan todo. Intentamos jugar a un juego de mesa con él pero se equivoca, se enfada y lo deja. Sus labios están tan agrietados que están rodeados de costras. Ha estado mordiéndose y lamiendo los labios durante semanas por pura ansiedad. Intentamos bromear con él pero no lo entiende. Se levanta bruscamente y se marcha de la habitación mientras intentamos hablar con él. Ninguno de nosotros sabemos siquiera si le está permitido hacer eso. La asistente social va a preguntarlo mientras mi marido y yo nos decimos sin palabras “este chico está hecho un desastre”. Y lo estaba.
 

Salimos del hospital hasta un restaurante cercano para hablar y orar en familia. Estamos angustiados por lo que hemos visto pero a la vez conscientes que estamos muy lejos de nuestra Liga. Podríamos haber subido al coche e irnos sin siquiera mirar el retrovisor. Una parte de mi quería hacerlo. La otra parte quería llevarse a casa a Lemuel ese mismo día. Le pedimos al Señor que nos mostrara qué debíamos hacer. Llamamos a nuestra agencia en el camino de vuelta desde el hospital y les dijimos que queríamos llevarnos a Lemuel a casa. Lo hicimos. Cuando le recogimos unos días después no estaba ni feliz ni triste. Únicamente resignado. Nunca se había tomado en cuenta su opinión así que no mostró ninguna sobre esta nueva familia que venía a buscarlo. Podría simplemente haber aprendido a deletrear su nuevo apellido y continuar con su vida. Lo intentó. No pudo. No era suficientemente buen actor para camuflar sus verdaderos sentimientos. Lloró mucho. Desobedeció la mayor parte del tiempo. Su actitud era terrible. No le gustaba nuestra comida, nuestra música, nuestras ideas, ni ninguno de nosotros. Estaba decidido a rechazarnos primero o a forzarnos a a rechazarlo y acortar el tiempo entre a llegada a casa y la “patada en el culo”. Nos hizo desgraciados. No podíamos ir a ningún sitio con él sin tener que enfrentarnos a él quejándose, quejándose, quejándose o con un comentario o pregunta inadecuado – y no podía hacerlo en voz baja. Aún no puede. Mentía sin parar y contaba excusas sin sentido. Comía compulsivamente y tenía pesadillas constantes. Nuestras vidas cambiaron de forma radical en los siguientes meses. Nuestros hijos mayores empezaron a resentirse. Nuestro hijo pequeño no quería jugar con él porque hacía trampas y siempre tenía que ganar. En la intimidad, nos cuestionábamos la decisión de haber traído al niño a casa.

Sentimos lo mismo que sintieron sus familias anteriores. Que habíamos cometido un error y condenado a nosotros mismo decidiendo criar a el niño más difícil. Lloramos. Leímos libros. Consideramos acabar con la adopción cientos de veces y cada vez, uno de los dos decía “no”. Hasta que nos dimos cuenta que cuando nos entregaron ese cuerpo con una persona rota en el interior esperábamos que se “levantara y andara” por el simple hecho de estar bajo nuestro bendito techo.

De alguna forma pensábamos que nuestra mera presencia era suficiente para curar a ese niño. Pensamos que sería fácil. Éramos críticos con todos los que lo habían intentado antes. Hasta que fuimos humillados. Hasta que tampoco nosotros pudimos arreglarle.
Avanzaré rápido 5 años. Lemuel sigue en nuestra familia. Ha estado en terapia y en tratamiento en internado desde que se unió a nuestra familia. Hemos cometido errores en su crianza. Hemos puesto el listón tan alto que él nunca podía saltar por encima y nos hemos enfadado cuando no lo ha hecho. Hemos fallado. Pero también hemos tenido éxito.
Le prometimos que esta familia sería su última parada. Y lo es. No porque seamos más tolerantes o perfectos y por supuesto no porque él se haya “curado” de todos sus problemas. Esta es la última parada de Lemuel porque él es nuestro hijo y le queremos. Estamos aprendiendo a aceptarle tal y como “es”. No tenemos el tipo de cola que arregla un niño roto pero tenemos al Padre Celestial que hace todas las cosas nuevas y Él nos enseña poco a poco y día a día que Él es el que manda. Lemuel ha mejorado mucho en estos 5 años per ¿adivinad qué? También nosotros. Hemos aprendido el significado de “bendición disfrazada” y estamos trabajando en averiguar otros misterios como "amor incondicional" y "ajustarse a las expectativas". Lemuel está bien. Es exactamente lo que se supone que debe ser en este momento en su vida.
 
A pesar de los duros golpes que le ha dado la vida, continua encontrado alegría en las cosas pequeñas. Ama el deporte, los juegos de ordenador, a otras personas, hacer amigos y comer comida filipina. Se ríe mucho y muy fuerte con el programa más tonto de la televisión y adora a su hermano pequeño, que tiene síndrome de Down.

Lemuel es un milagro andante. . . la belleza surgida de las cenizas.

No creo que yo hubiera sobrevivido a los que él ha pasado. muchos no podrían. La mayoría no sería capaz de hacerlo y mantener la esperanza en el futuro. Lemuel tiene muchas esperanzas y grandes planes - quiere jugar al fútbol en el equipo de su escuela, conducir un coche cuando tenga 16, alistarse en el ejército y él dice que nunca se casará porque probablemente muera en una guerra y no quiere que su esposa esté triste. (Un poco morboso, pero muy previsor también).


No soy tan arrogante para creer que el niño fue sometido a todo este infierno sólo para enseñar una lección valiosa a la familia, pero lo ha hecho. Conozco la razón de la vida de Lemuel, la misma que para el resto de nosotros: existimos con el único propósito de glorificar a Dios. Jesús, sea glorificado en el camino y nos convierte en algo hermoso para Dios. ¡Amen!

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