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28/11/14

"yo soy adoptada", 3 simples palabras, 3 millones de emociones distintas

Este mes de Noviembre ha sido el "mes de la adopción" en Estados Unidos y esto, junto con otras noticias más tristes, nos ha traído un montón de artículos súper interesantes sobre adopción. En este caso un artículo publicado por una joven adoptada, Mei Webb, originaria de Asia publicado en el Huffintonpost. Habla sobretodo de sus dificultades para hablar del hecho de ser adoptada con otras personas. Habla también de un día que aquí no solemos celebrar pero que en Estados Unidos celebran muchas personas y llaman el Gotcha Day que viene a ser "el día que en que te tuvimos en casa".

Os traemos la traducción y como siempre os recordamos que siempre que traducimos un texto, éste no representa las ideas de la web o de las personas que participan en este blog, únicamente lo traducimos para que sirva de reflexión y para mostrar distintos puntos de vista de distintas situaciones relacionadas con la adopción.

"Yo soy adoptada"

Se cómo te hace sentir decir a al gente que eres adoptado/a...

Para algunos es fácil y para otros muy agobiante y emocional. Veo a muchos niños/as con sus padres biológicos, y algunas veces cuando mi madre y yo visitamos a alguna de mas madres de un amigo que tiene aspecto asiático, hago el tonto y digo: "Ei, ¡ahora no parezco adoptada!". Cuando tenía 5 años muchas veces me sentía avergonzada al decir a mis amigos que era adoptada. Encontraba extremadamente difícil abrirme, así que cuando mis amigos me preguntaban de donde venía, decía que de Australia. Eso en muchas ocasiones les dejaba desconcertados y confundidos. No podían procesar que alguien con apariencia física de China como yo fuera australiana - y aún les pasa ahora (no mis amigos, únicamente a los extraños). Si me preguntaban otra vez les decía "mi padre es chino" o "mi madre es china" (dependiendo de con quien estaba). Estaba asustada de las reacciones de mis amigos; aun pienso hoy en día que a la gente le cuesta procesar a las familias que salen de lo habitual y, honestamente, me disgusta la sensación que tengo cuando le tengo que decir a alguien que soy adoptada - reaccionan como si alguien de mi familia acabara de morir. Estoy segura que muchos otros niños/as adoptados/as pueden reaccionar a esto de una forma u otra.

Mi familia y yo realmente nunca hemos celebrado el Gotcha Day (en mi familia por alguna razón lo llamamos Angel Day, el día del Angel) - nunca he sentido mucha necesidad a celebrarlo. Creo que los niños/as no debería sentir que es necesario que exista un día en que deben celebrar que sus padres firmaron un papel para tenerlos: los padres deberían celebrar CADA DÍA que el niño/a llegó a sus vidas. Este día es un constante recuerdo que lso padres biológicos del niño/a tuvieron que entregarlo por distintas razones, o que murieron, etc... El Gotcha Day es para algunos un día terrible en el que muchos niños/as no cuentan a sus padres cómo se siente realmente. Están agobiados, tristes, enfadados, se sienten poco deseados y la lista puede continuar.

La adopción y el acogimiento permanente puede ser un problema psicológico muy grande, importante y estresante para un niño/a y, decida o no hablar de ello no hace una diferencia, estos sentimientos les acompañarán durante toda su vida. Algunos chicos/as adoptados se sienten muy presionados no solo para encajar en su familia sino para sentirse parte de una. Algunos niños/as se portan mal, algunos se distancian emocionalmente y otros adoptados, como yo, que honestamente no piensan demasiado en ellos y continúan con su vida diaria. Personalmente, al crecer en una sociedad occidental (Australia y Reino Unido), no me siento como una persona adoptada y no quiero un día específico que me recuerde que lo soy, cuando conozco perfectamente que la razón por la que estoy viva es que mis padres me adoptaron. Incluso pensando que mis padres biológicos me entregaron en adopción por un motivo concreto, no me puede preocupar menos - No los odio ¿porqué? Porque no les conozco y no tengo ninguna razón para odiar a alguien a quien no recuerdo y a quien no he conocido en los últimos 14 años de mi vida.

Creo que los padres adoptivos no se dan cuenta que el Gotcha Day (como es conocido en los círculos adoptivos y especialmente en Estados Unidos) no es solo un reconocimiento a la perdida del hijo/a sino también a la perdida de sus padres biológicos. El Gotcha Day se reivindica como algo optimista y emocionalmente intenso, lleno de felicidad y alegría, pero creo que en el interior del niño/a, él/ella ´tiene un sentimiento de pérdida - de sus padres - algo que no deberíamos estar celebrando. Los últimos 3 años me he olvidado completamente del día en el que me adoptaron, el Gotcha Day - no he tenido ninguna necesidad de recordarlo o hacer algo especial por la ocasión. Me siento como si, cada día para mis padres, fuera el Gotcha Day, así que ¿para qué celebrarlo únicamente un día concreto?


Cosas que escuchan nuestr@s hi@s 

27/11/14

reflexiones sobre Ferguson, y sobre criar hijos negros (II)

En la entrada anterior hablábamos de un artículo escrito en un blog por una adoptada transracial adulta a raíz de la muerte de un adolescente negro en Estados Unidos por la policía. En el mismo blog, hay muchos escritos estos días al respecto escritos por adoptados transraciales adultos, se hace una reflexión que no queríamos dejar pasar. No traducimos todo el artículo únicamente una parte, si alguien quiere leerlo entero puede dirigirse al blog original.

Como siempre que traducimos un texto, éste no representa las ideas de la web o de las personas que participan en este blog, únicamente lo traducimos para que sirva de reflexión y para mostrar distintos puntos de vista de distintas situaciones relacionadas con la adopción.

No puedo recordar ahora cuantas conversaciones he tenido con futuros padres adoptivos blancos que me dice: "Me encantaría adoptar un niño pequeño negro, ¡son los más guapos!". Siempre me he preguntado si se dan cuenta que ese pequeño niño negro que desean con tanto amor en uno años será un adolescente y que, durante los años de su infancia hacia su adolescencia, se convertirá en una "criminal andante". ¿podrían esos mismos padres decir tan alegremente "me encantaría ser el padre de un adolescente negro que está siendo seguido por la policía"? No es muy probable- aunque estos dos sentimientos son uno solo en estos momentos. Entre Michael Brown, Trayvon Martin, Renisha McBride, Eric Garner y Ezell Ford está claro que en el clima actual de los Estados Unidos ser negro es sinónimo de ser un criminal.

¿Cómo pueden unos padres adoptivos blancos dar lecciones de seguridad a los hijos negros que están criando? ¿Qué alguna personas pueden insultar durante un partido de fútbol, pero que ellos no pueden? ¿Cómo pueden explicar que su papá puede andar a las 07,11h de la mañana con una sudadera con capucha a hacer un recado, pero que si ellos quieren ir a medianoche a la tienda a comprar deben ir silbando Vivaldi y con las manos a la vista para intentar disminuir el miedo de los extraños que los perciben, automáticamente, como una amenaza? ¿Cómo va un chico negro a aprender el comportamiento adecuado en una ciudad como Ferguson si creció en una cultura en al que constantemente sus profesores le han tratado como a un estereotipo y sus compañeros lo han escogido siempre el primero en su equipo de básquet porque suponen que por ser negro será un buen atleta? ¿Cómo va a crear un chico negro adoptado transracialmente  una identidad saludable cuando el mundo que se ha creado en su hogar o comunidad no coincide con el mundo en el que vivimos, donde la policía, los congresistas Steve King, Cliven Bundy, Janelle Ambrosia, Donald Sterling (¿tengo que seguir?) no les importa si se criaron en una familia adoptiva estable y amorosa? Su piel sigue siendo negra y según algunos eso es por si mismo un delito.



25/11/14

reflexiones sobre Ferguson, y sobre criar hijos negros

Hoy os traemos la traducción de una entrada del blog Lost Daughters que escribe Aselefech Evans, una adoptada adulta que llegó a Estados Unidos des de Etiopía a la edad de 6 años, junto a su hermana  gemela. En esta entrada nos comenta el caso de la muerte de un chico negro desarmado a manos de la policía. A raíz de este suceso hace una reflexión sobre qué significa crecer siendo una persona negra adoptada en Estados Unidos.

Como siempre que traducimos un texto, éste no representa las ideas de la web o de las personas que participan en este blog, únicamente lo traducimos para que sirva de reflexión y para mostrar distintos puntos de vista de distintas situaciones relacionadas con la adopción.



Antes incluso de la decisión que se tomó ayer sobre Michael Brown, he hablado largo y tendido con una gran cantidad de personas adoptadas procedentes de Etiopía acerca de lo que significa ser negro y etíope en Norte América. Los padres adoptivos hablan muchas veces de la importancia de asegurarse que sus hijos conozcan la cultura etíope, pero hay un tema mucho más importante aquí.

Una cosa es que los etíopes de Etiopía críen a sus hijos como etíopes.  Otra cosa completamente diferente es que padres blancos críen niños etíopes en los Estados Unidos.

Al adoptar un niño etíope ¿qué obligaciones adquiere hacía sus hijos? ¿Cómo va  usted a  abrazar la cultura negra? ¿Va a seguir el camino de menos resistencia y enseñar a sus hijos a estar orgullosos de su herencia etíope o le va a mostrar cual es al realidad de ser negro?

La américa blanca no le va a dar a su hijo un pase. Su hijo va a estar sujeto a la intolerancia racial y a las injusticias legales. Su hijo va a ser detenido por la policía. A su hijo se le admirará por hablar bien en inglés, como si eso fuera una novedad. Su hijo se parecerá a la mayoría de la población de las prisiones de Estados Unidos. Su hijo/a pocas veces se va a ver reflejada en las revistas de moda como modelo de belleza.

No es suficiente con comer doro wat en un restaurante etíope o escuchar a Teddy Afro. Los niños y niñas negros merecen crecer con referentes negros a su alrededor, queriéndolos, y enseñándoles. Nosotros, los adoptados etíopes, somos negros en América. Estoy orgullosa de ser negra, y de ser etíope. Quiero que los jóvenes adoptados de Etiopía entiendan completamente su verdad.

Interesante texto que nos habla de algo que hemos ya comentado en el blog y que comentan muchas familias adoptivas también aquí en España con una frase que se lee mucho en los foros "cuando van de nuestra mano los blanqueamos, pero qué pasa cuando dejan de ir de nuestra mano".

Una cosa es el respeto por el país de origen y su cultura, que puede quedar en un simple acercamiento al folklore, y otra enseñar a nuestros hijos, ya sean negros, asiáticos, indígenas americanos o del norte de Europa qué es el racismo y la xenofobia, cómo les hará sentir, en qué situaciones pueden encontrarse y que herramientas les podemos dar para afrontarlo y actuar.

El mes pasado también podíamos leer el testimonio de una adoptada adulta española*, adoptada interracial, en el que hablaba sobre su infancia con pocos (o sin) referentes negros a su alrededor con los que poder identificarse, y la soledad que eso le comportó. Es una experiencia muy personal de una persona adoptada concreta en un ambiente concreto, seguramente muy distinto al de muchos de los adoptados interraciales que hay en España en estos momentos pero, cómo reflexiona Una madre de Marte en su blog, ellos se enfrentan también a la discriminación por su color de piel u origen, a verse distintos al resto de su familia, a ser mirados y preguntados por extraños en la calle...



Cosas que escuchan nuestr@s hi@s 
Cómo contestar a las preguntas intrusivas


*NOTA: Madame Nana ha cambiado su blog de lugar y ahora se puede leer el artículo, reescrito y comentado por ella misma en este enlace.

18/6/14

la perspectiva de una adoptada: cómo es crecer siendo adoptada

Os traemos en esta ocasión otra traducción. Se trata de un texto escrito por una adulta adoptada que está en estos momentos intentando encontrar a su familia biológica. Es una reflexión sobre como ha vivido ella el hecho de haber sido adoptada y cómo se ha sentido durante las distintas etapas de su vida.

Como siempre que traducimos un texto, éste no representa las ideas de la web o de las personas que participan en este blog, únicamente lo traducimos para que sirva de reflexión y para mostrar distintos puntos de vista de distintas situaciones relacionadas con la adopción.


Es el día 12 de Enero de 1980. El hospital es Valley Hospital en Ridgewood, Nueva Jersey. La hora la una y seis minutos de la madrugada. Una niña llega a este mundo. Su madre quizás pudo tenerla en brazos un pequeño instante, sentir su pequeño cuerpo sobre el suyo por un momento. Y quizás no tubo esta oportunidad. Quizás su madre decidió no hacerlo. El enfermero pudo habérsela llevado inmediatamente, ya que quizás el dolor era demasiado grande. Solo la madre y los enfermeros saben qué pasó esa mañana.

El bebé fue llevado a una casa de cogida en Ridgewood, Nueva Jersey donde estuvo durante un mes. EL 13 de Febrero de 1980, en la ciudad de Ellicot, Maryland, una familia recibió una llamada de teléfono de una Agencia de Adopción. Había una pequeña niña esperando para formar parte de su familia. La llamada llegó de sorpresa. Dos años antes a esta llamada, la familia adoptiva había sufrido la pérdida de su hija de una semana de vida. Habían decidido adoptar en Noviembre de 1979, pero no esperaban un milagro tan rápidamente.

El 14 de Febrero de 1980, ese pequeña niña pasó a formar parte de la familia. Esa niña era yo.

Cuando tenía 4 años, mis padres me sentaron y me dijeron que era adoptada. Entendí lo más que puede entender una niña de 4 años, y continué con mi vida cómo si nada hubiera pasado. A los 6 años empecé a entender que mi madre adoptiva no me había dado a luz. Pero mi familia adoptiva seguía siendo mi familia.

Durante la educación secundaria empecé a cuestionarme quien era yo y quienes eran mis padres de nacimiento. No pasé mucho tiempo pensando en que era adoptada pero algunas cosas que sucedían activaban mis preguntas. La fecha de mi cumpleaños y la de mi adopción era dos días en los que mes sentía agradecido por mi familia, pero en los que tenía momentos de tristeza y asombro. Me preguntaba "¿Piensa mi madre biológica en mi?" "¿Qué estará haciendo ahora?" "¿Porqué me entregó?" "Si no hubiera sido adoptado ¿habría sido diferente mi vida?"

A medida que se sucedían distintos acontecimientos en mi vida estas preguntas estaban en mi mente. En mis graduaciones en la escuela y en mi boda no podía sino preguntarme que pensaría mi madre de nacimiento. ¿Estaría orgullosa? Estos pensamientos han estado siempre conmigo pero han sido cada vez más importantes a medida que he ido creciendo. Ahora, a los 33, estos pensamientos están cada día conmigo.

He tenido conversaciones con personas que no ha entendido porque estos pensamientos están siempre en mi mente al haber sido adoptada tan pequeña. No importa a qué edad te han adoptado, los hechos siguen siendo los mismos: Tu madre de nacimiento escogió darte. Quizás sabes el porque, quizás no. Si no lo sabes, quizás te preguntes porque toda tu vida. En algunos casos - como en el mío - no conoces tu historial médico, quien es tu familia biológica, o de quien sacaste tus características físicas. Me siento como un puzle al que le faltan piezas.

El último acontecimiento que me ha hecho pensar en mi familia biológica ha sido el nacimiento de mi segundo hijo, ahora tiene 18 meses. Él es el segundo lazo genético con el que me he identificado. Un día, quizás descubra los lazos genéticos que me unen a mi familia biológica. Hasta ese día, estaré agradecida por la fantástica familia que me adoptó y la elección desinteresada que hizo mi madre de nacimiento la mañana del 12 de Enero de 1980. 


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16/5/14

llenando el vacío con la necesidad de agradar

Muchas personas adultas, que fueron adoptadas, hablan de su necesidad de agradar a los demás para sentirse ellos mejor. Algunos hablan de épocas concretas (niñez, adolescencia) en las que sentían esa necesidad, otras siguen sintiéndola.


Estas actitudes responden a su miedo al rechazo. Ya que fueron en su momento rechazados por sus progenitores pueden pensar que van a serlo siempre por otras personas. Suelen pueden presentar una hipersensibilidad a los comentarios de los demás y a vivirlos como una crítica. Atienden exageradamente a las señales de los demás respecto a la posibilidad de que les  aprueben  o no. Necesitan sentirse queridos por todos y en todo momento y hacen lo posible por conseguirlo incluso pasando por encima de sus propias necesidades.





Antes que comenzara mi búsqueda de mi familia biológica - la búsqueda de mis raíces - mi vida había estado llena de altibajos. mientras buscaba a mi madre biológica, empecé a pensar en los motivos por los que había tomado ciertas decisiones en mi vida; decisiones que alteraron negativamente mi vida. Empecé a buscar vínculos entre el hecho de haber sido adoptada y mis malas decisiones.

Busqué y busqué, y únicamente me acerqué a pequeñas chispas de posibles conexiones. Nada concreto que decir cómo "ESTA es la razón por la que podría haber hecho eso". Hablé con un consejero sobre las posibles conexiones, y me dijo que podía existir alguna. Pensé que podía esbozar mis pensamientos para aquellos adoptados que estén buscando respuestas a sus opciones en la vida. Estas opciones pueden tener relación con la adopción o quizás no. Cada uno puede sacar sus conclusiones a partir de sus experiencias.

Cuando era una niña pequeña deseaba agradar a la gente. Especialmente a aquellos que me querían y cuidaban. Recuerdo muchas veces poniendo mis platos en el lavavajillas, limpiando la cafetera, y luego contando a mis padres lo que había hecho. Ansiaba que me alabaran. Era muy pasiva. Hacía todo lo que mis padres querían que hiciera.


Mi mamá me apuntó alas chicas guía (Girl Scouts). No me gustaba pero no quería que mi madre se molestara, así que me quedé. Yo fui la hija que no hizo nunca nada mal. Hasta que cumplí 17. Mirando hacia atrás, me pregunto si hay una relación entre la adopción y el deseo de ser alabada por parte de mi familia adoptiva. He leído libros sobre adopción que hablan que establecen que las personas adoptadas tienen un sentimiento de tristeza relacionado con la separación de su madre biológica. El vínculo innato de rompe. ¿Inconscientemente creí que el vínculo entre mis padres adoptivos y yo se había roto también? ¿Es esa la razón por la que quería complacerles siempre?
He echado la vista a tras a mi vida, y hay un patrón definido de momentos en los que he querido complacer a los demás. Incluso a costa de las personas a las que amo. Sentí siempre un vacío en mi vida que no sabía cómo llenar. Un vacío donde mi madre biológica había estado. Siempre recibí atención y alabanzas. ¿No debería esto haber llenado este vacío? Pensé que lo haría, pero no fue así. Siempre busqué la atención y la alabanza, incluidas de aquellas personas a las que debería haber apartado. Tenía una necesidad insaciable de sentirme querida, y esa necesidad se saciaba en ese momento para volver a aparecer poco después.

Aún sigo intentando entender porque tomé las decisiones que tomé. Pero siento que hay una relación directa entre ser una persona adoptada y sentir la necesidad de gustar y ser alabado para poder llenar ese vacío.
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2/12/13

viviendo con la rabia y un desorden de apego (segunda parte)

Os traducimos la segunda parte de uno de los posts del blog que escribe Fiona Ferguson, madre de dos niñasadoptadas en Inglaterra a finales de los 80 con 5 y 6 años, del que ya os tradujimos la primera parte.

Como siempre que traducimos un texto, éste no representa las ideas de la web o de las personas que participan en este blog, únicamente lo traducimos para que sirva de reflexión y para mostrar distintos puntos de vista de distintas situaciones relacionadas con la adopción.

Tal y como comenté en el post de ayer es muy difícil para mi revivir, pero quiero hablar sobre mi experiencia personal sobre cómo es la vida con un trastorno de apego.

Ya mencioné que Amy nunca lloraba la principio cuando llegó a nuestra casa, lo que si hacía era intentar controlarlo todo y a todos a su alrededor. Amy era amistosa de forma superficial con los extraños y teníamos que tener siempre un ojo encima o se habría ido. Amy abrazaba a cualquier con quien tuviera contacto, los profesores hicieron lo que pudieron para desanimar este comportamiento, pero lo hacía de forma inconsciente. Alguna gente confundía este comportamiento diciendo que Amy era una niña muy cariñosa pero nosotros sabíamos que no. Amy no hacía amigos fácilmente en la escuela y frecuentemente se peleaba con otros niños en la clase.

Si Amy o Lauren llegaban a tener un amigo, podían ser muy posesivas y aliarse frente al resto de niños para quedárselo para ellas.

Amy nunca estaba quieta y era imposible que se concentrara en una tarea y mis esperanzas de darle uso la caja gigante que había hecho para las manualidades se hacían añicos, cualquier intento de pintar o crear alguna pieza de arte acababa con Amy vagando en el mismo momento en el que yo sacaba los lápices y el papel.

Admito que me sentí triste ya que ser creativo era algo que realmente quería hacer como madre.

Me encontré haciendo plastilina - algo que conseguía que ellas disfrutaran y pasaran algunas horas modelando las plastilinas con accesorios para crear formas.

Todo lo que Amy tocaba se las arreglaba para romperlo y cuando se enfadaba tiraba y aplastaba todo lo que había en la habitación y rompía sus juguetes.

Empezó a ser evidente que toda al rabia de Amy se dirigía principalmente hacia mi, era como si todo su odio se dirigiera a mi por todo lo que había hecho su madre.

En términos teóricos sobre los Desordenes de Apego estos comportamiento son la forma que tiene el niño para controlar algo en un mundo que perciben como aterrador, peligroso y impredecible. La única forma que tiene el niño para hacer frente a ello es controlarlo todo y a todos a su alrededor.

El niño no confía en nadie y está en alerta constante de peligro.  Acercarse a otros no es una experiencia que les genera confianza ya que su única experiencia anterior ha sido que confiar en sus cuidadores les ha llevado a una situación de abuso, peligro, estrés y miedo.

Mi posición como madre era de una persona en quien no podía confiar y ¡Dios! si me probó.
Era evidente que se golpeaba en la cabeza, balanceaba, auto-mutilaba y empecé a darme cuenta que Amy no podía leer las emociones. Amy no podía decir al diferencia entre los estados de humor de las personas y estallaba a menudo en momento en los que era incapaz de entender porque alguien estaba feliz o tristes o enfadados.



Recuerdo un par de ejemplos, Amy estaba en la escuela y dijeron en la clase que podían ver el partido de Inglaterra en la Copa del Mundo. Todos los niños estaban muy excitados ya que estaba ganando Inglaterra. Desafortunadamente le humor cambió ya que de golpe Inglaterra empezó a perder, todos los chicos que cruzaron y empezaron a estar enojados. Esa tarde, cuando Amy llegó, tuvimos una noche especialmente difícil ya que Amy no era capaz de lidiar con ese cambio de humor de su clase, esto la llevó a un estado de lucha o de huida y nosotros tuvimos que lidiar con este retroceso.

Amy podía ser un peligro para ella misma y para los demás cuando empezaba la rabia. Pasábamos unos ratos muy buenos en casa de mis hermanas. Era muy difícil irnos a cualquier sitio, como todos los niños que no quieren irse cuando lo pasan bien. Teníamos que preparar la marcha con las niñas mediante "cuenta atrás" una hora antes para prepararlas para el final de la visita.

Esa tarde en especial, Amy, estaba dando patadas con mucho estilo, había empezado con una rechazo a irse, entonces empezaban las patadas, escupir i sollozar. Patadas contantemente a la parte de atrás de mi asiento en el coche o tirándome del pelo.

Pero ni mi esposo ni yo estábamos preparados para lo que pasó después, Amy, se tiró encima de la parte delantera cogiendo el volante, estábamos en la M27 y fue una experiencia muy aterradora. Mi esposo logró detenerse en el arcén donde nos las arreglamos para mantener a Amy hasta que finalmente se vino abajo y ese fue el momento en el que estuvimos realmente a salvo de cualquier otro peligro adicional.

Ser testigo de como un niño tiene este nivel de rabia es realmente aterrador, es como si el niño tuviera una experiencia fuera de su cuerpo y muchas veces era como si ella, Amy, fuera inconsciente de su persona, me daba cuenta de eso por sus ojos que tenía un aspecto de no comprometerse. Amy tiene muy pocos recuerdos de esos momentos.

En mi próximo post voy a hablar de cómo fue la terapia, este es un tema bastante polémico y no aconsejaría a nadie usarlo sin ayuda profesional. Ésta es mi historia y lo que funcionó para mi no es la respuesta a todos los menores que tiene un transtorno de apego.

Vuelvo a repetir que esta es mi experiencia y espero que demostrará que hay esperanza para, incluso, el niño más dañado.

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21/11/13

¿son los padres que renuncian a sus hijos adoptivos indiferentes o no están preparados?


Esta es la traducción de un texto publicado en el New York Times por Tina Traster, madre adoptiva de una niña de origen ruso y autora del libro "Rescuing Julia Twice: A Mother’s Tale of Russian Adoption and Overcoming Reactive Attachment Disorder" (Rescatando a Julia dos veces: La historia de una madre por adopción en Rusia y cómo superar el desorden de apego reactivo) que va a publicarse próximamente en Estados Unidos. Si te interesa puedes visitar su web.
 
Como siempre que traducimos un texto, éste no representa las ideas de la web o de las personas que participan en este blog, únicamente lo traducimos para que sirva de reflexión y para mostrar distintos puntos de vista de distintas situaciones relacionadas con la adopción.
 
La semana pasada recibí un e-mail de una madre sobre como adoptó a un niño huérfano de origen ruso hace 13 años y la forma en la que todo salió mal. En unas frases directas me contó cómo ha viajado dos veces a Siberia. Me contó que su hijo ha estado entrando y saliendo de centros de detención juvenil. Ahora, a los 1 años, está bajo la custodia del estado y no quiere saber nada de ella. Esta mujer estaba devastada y no podía dar sentido a todo lo sucedido. Me dijo que después de invertir todo lo que tenía en ese niño, económica y emocionalmente, se ha quedado con nada ni nadie.
 
Sabía que yo la entendería. Había leído un ensayo que escribí sobre la dificultades que tuvimos, mi marido y yo, criando a nuestra hija adoptada en Rusia, y sabía que tenía un libro de memorias centrado en la adopción y el trastorno de apego que va a ser publicado el próximo año.
 
En su e-mail me preguntaba si podía llamarla. Lo hice. Hablamos de cómo mi marido y yo trabajamos con nuestra hija los primeros años cuando no se vinculaba, cuando teníamos un miedo de muerte a que no nunca fuera capaz de apegarse a nosotros o querer a los demás. Estaba feliz de saber que las cosas al fin salieron bien. Sobre todo, esta mujer, necesitaba liberar sus sentimientos de culpa, incapacidad y desesperación. Quería deshacerse de su carga. Quizás con solo hablar con ella podía ayudarla a hacerla más ligera.

 
  
Curiosamente, tuvimos esta conversación horas después de haber leído un informe de investigación de Reuters sobre el "realojamiento", una horrible historia de cómo algunos padres de niños adoptados internacionalmente se había ido "deshaciendo" o "regalando" a sus hijos a extraños, sin la intervención de agencias estatales, consejeros e incluso sin abogados. El artículo es cómo el guión de una película de terror: una persona adoptada en Liberia, con problema de salud y comportamiento severos, que había estado con una familia adoptiva 2 años fue entregada a otra familia en el exterior de su parque de caravanas. Sin abogados o servicios sociales involucrados en ese intercambio. Los padres de al menor adoptada simplemente firmaron un acta notarial declarando que ese extraños se convertían en los guardianes de su hija.
 
Reuter analizó más de 5000 entradas sobre "realojamiento" en un periodo de 5 años en una lista de correo de Yahoo. La mayoría de los niños habían sido adoptados en el extranjero, de países cómo Rusia, Cina, Etiopía y Ucrania. En un caso el anuncio decía: "Adoptamos a una niña de 8 años de China... Desafortunadamente estamos luchando después de tenerla en casa 5 días". ¡Guau, cinco días enteros y ya están dispuestos a renunciar a ella!
 
Si no eres un padre adoptivo de un menor de el extranjero, puedo apostar a que su cerebro es incapaz de imaginar algo tan atroz. ¿Cómo puede un padre deshacerse de su hijo? Incluso si el niño no responde al amor o parece estar lleno de odio ¿cómo puedes entregarlo a un extraño? Una persona así no es tan solo no apto cómo padre, debe ser una persona depravada, sin corazón. ¿Verdad?
 
Como madre adoptiva, tengo información privilegiada sobre cómo puede ser de difícil una adopción. No creo que la gente viaje a China, Rusia y Etiopía con malas intenciones. De hecho, las personas que quieren criar a un niño que necesita un hogar probablemente empiezan con el corazón lleno de amor y optimismo. Pero, cuando vuelven a casa con su hijo y la emoción se calma, y los problemas comienzan ya que no pueden manejar a su hijo, sus sueños se convierten en pesadillas. Se encuentran solo, asustados, privados y llenos de pesar. ¿Cómo se comportan en esas circunstancias no sólo podría sorprender al mundo, también escandalizar a los propios padres? En uno de los mensajes de la lista de correo del artículo de Reuters, una mujer que había adoptado a un niño de 11 años de Guatemala escribía: "Me siento totalmente avergonzada de decirlo pero realmente ¡ odiamos a este niño!".

 
Naturalmente el artículo de Reuters nos hace aferrarnos a una solución rápida. Se han hecho llamamientos para que se revise la situación de estos padres e hijos adoptivos, junto a propuestas de para crear sistemas que eviten y contrarresten estas situaciones. La rotura de una adopción para poder encontrar una nueva casa a un niño puede tener éxito, tanto para la familia original como para el menor y la nueva familia, y a menudo el mecanismo legal utilizado por las familias es le mismo que menciona el texto de Reuters: el poder notarial. Pero ¿cómo podemos proteger a los niños contra el abuso de este poder (notarial)?
 
Esto es de los que creo que deberíamos estar hablando: muchos, tal vez incluso la mayoría, de los padres adoptivos no están realmente preparados para las consecuencias de ser el padre/madre de un menor que ha empezado su vida en una institución u orfanato. No estamos preparados para manejar un trastorno de apego reactivo, el síndrome alcohólico fetal, menores violentos o que se autolesionan. Mi marido y yo por ejemplo, no teníamos ninguna formación sobre estos temas antes de llevarnos a nuestra hija de 8 meses a casa hace diez años desde Siberia. Me han dicho desde la mayoría de estados que las cosas han cambiado, los futuros padres adoptivos deben asistir a talleres y leer sobre estos temas, pero yo conozco cómo me sentía después de haber leído un poco sobre ellos. Estoy realmente segura que la mayoría de nosotros creemos que con amor es suficiente, la herida va a desaparecer. Que con suficientes cuidados, cariño, comida y juguetes se puede borrar el pasado.
 
No podemos y no lo hacen. La adopción de un menor en estas circunstancias es rara vez una camino fácil. Si los padres tienen suerte, como nosotros hemos tenido, nos encontramos con recursos, con suficiente resilencia (capacidad de resistir al adversidad) y el amor que necesitamos.


 
La única cosa buena que puede surgir de las tragedias descritas por el artículo de Reuters es el esfuerzo de la sociedad para involucrarse en las vidas de las familias con hijos adoptados en el extranjero. Aquellos de nosotros que nos estamos hundiendo necesitamos más comprensión, apoyo y diálogo sobre que es para nosotros al experiencia de la paternidad. Debemos sentirnos más comprendidos y menos juzgados. Mientras todos hablan sobre que las agencias de adopción deben añadir servicios de post-adopción más consistentes, aún queda mucho por hacer. Lo ideal sería que las personas que trabajan, enseñan y cuidan de niños pequeños - de los maestros a los pediatras y terapeutas - fueran formados sobre los menores institucionalizados que han sido adoptados. Deberían estar capacitados para reconocer sus síntomas. En mi caso, si hubiéramos tenido profesionales alrededor que entendieran que era un desorden de apego reactivo, habríamos cogido los problemas de Julia antes.
 
Recibo e-mails muchas veces de padres de menores adoptados en el extranjero que están luchando. Lo que me dicen siempre es que se sienten consolados de saber que no están solos.
 
 
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24/10/13

viviendo con la rabia y un desorden de apego (primera parte)

Como empieza a ser habitual, os traducimos un texto que forma parte de una serie de post sobre la experiencia de una madre adoptiva en los últimos 15 años en los que ha criado a sus dos hijas.
 
El blog lo escribe Fiona Ferguson, madre de dos niñas, hermanas biológicas, adoptadas en Inglaterra a finales de los 80 con 5 y 6 años. Las niñas eran las menores de 7 hermanos, los dos mayores continuaron en su familia biológica mientras que los 5 menores pasaron a acogimiento y posteriormente las pequeñas fueron adoptadas por Fiona y  su marido, John.

Como siempre que traducimos un texto, éste no representa las ideas de la web o de las personas que participan en este blog, únicamente lo traducimos para que sirva de reflexión y para mostrar distintos puntos de vista de distintas situaciones relacionadas con la adopción.
 

He pensado mucho sobre cómo voy a escribir sobre este tema tan sensible. Existen tantas teorías y libros escritos sobre el apego. No quiero parecer una especie de experto en la materia. Estoy de acuerdo, los he experimentado directamente haciendo frente y viviendo con un niño que sufre un caso severo de desorden de apego. Mi marido y yo hemos pasado por ellos y hemos sobrevivido. Tenemos una relación muyes estrecha ahora después de todo lo que hemos pasado. Nos sentimos padres de Amy, pronto seremos abuelos y nos sentimos con ganas de ayudar a Amy, apoyándola para convertirse en madre de su propio hijo.

Es mi opinión que diagnosticar a un niño con cualquier desorden no es un trabajo fácil para un profesional, y creo que los desordenes de apego habitualmente se pasan por alto y los niños reciben un diagnóstico erróneo.

He decidido escribir sobre lo que fue para mi vivir el día a día, un día al límite de lo que yo diría era una locura la mayor parte del tiempo.

Cuando nos entregaron a nuestras hijas, empezó a ser muy claro que había mucho más bajo esos abrazos superficiales y el bonito pelo rubio. Mi primer recuerdo es cuando Susie, la asistente social de las niñas, nos dijo que Amy era una niña muy feliz, fuerte y que ¡nunca lloraba! Pensar en los que nos dijo me hace enfurecer. Ella era una asistente social con experiencia... ¡todos los niños lloran! Hay algo que está muy mal cuando un niño no llora, esas emociones se van a algún sitio, en el caso de Amy pasaron a la clandestinidad para ayudarla a sobrevivir a la negligencia y el abuso que sufrió. A una asistente social le deberían saltar las alarmas si un niño no demuestra emociones. Era muy obvio desde el primer día que las dos niñas nos llevarían al extremo para controlarlo todo y cualquier situación que pudieran.

 

Lauren era lo contrario a Amy, creo que pasaba el 80% del tiempo llorando y, para conseguir tu atención, Lauren, siempre tendría alguna enfermedad o se haría daño y caería.

Lauren había sido una niña muy enfermiza, pasó la mayor parte de su primera infancia en el hospital, había aprendido muy pronto que estando enferma recibía atención. En la casa de acogida su hermana, Kirsty, había sido una madre para ella. Kirsty fue una gran perdida para Lauren, ella era una mamá para Lauren y todo lo que ella había conocido. Lauren nunca conoció a su madre y realmente creo que se apegó a su hermana como su principal cuidador, aunque estaba en acogimiento.

Cuando Lauren llegó a casa llevaba una talla 2-3 años y parecía y se comportaba más como una niña de 2 años que la niña de 5 años que habíamos asumido. Todos los que vieron a Lauren la trataban como a un bebé y le tomó bastante tiempo hasta que se sintió lo suficientemente confiada para crecer un poco. En tiempos de cambio e inseguridad, Lauren podía regresar a ese modo bebé, incluso balbuceando.

Como he contado en otro post anterior, empecé a encontrar la tensión abrumadora. El shock de enfrentarse a dos niños ya mayores, de 5 y 6 años, fue una tarea enorme. Tomar consciencia de que esto no iba a ser un caso sencillo de dar un buen hogar de golpe a dos niños y que viviríamos felices para siempre y el amor sería suficiente empezó a naufragar.

Las grietas empezaban a asomar y nosotros empezábamos a ver lo que era realmente una asignación complicada.

No voy a escribir mucho más en esta entrada para dar tiempo a mi cerebro a procesar la información y espero que lo que escribo pueda servir de apoyo a cualquiera que realmente esté en un punto crítico y empiece a perder la esperanza.

Haré todo lo todo lo posible para proporcionar información que les haga sentir que no está solos, su hijo no tiene nada malo, sólo están reaccionando a la vida que han vivido y están desesperados para que los acepten incondicionalmente.

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Adopción fracasada

15/9/13

adopción fracasada

Este es un artículo traducido de la web de una asociación americana (Christian Homes and Special Kids) que busca padres adoptivos a niños/as que los necesitan (o al revés), que no es propiamente dicho una agencia de adopción. Habla sobre un niño, un niño pequeño que quedó huérfano junto por lo menos otro hermano, y después de vivir institucionalizado fue adoptado y rechazado para, al fin, volver a ser adoptado por otra familia.

El artículo se titula adopción fracasada.

Se han publicado en España algunos artículos que hablan de las adopciones truncadas o de los problemas que presentan algunos niños y niñas para ser adoptados. Esta es una historia real de un niño real, de una familia real, a los que podemos poner, si bien no cara si emociones que los hacen mucho más cercanos que un porcentaje o un número.

Aunque no se tiene cifras sobre el número de fracasos en la adopción en españa y que realmente el proceso y la concepción de la adopción en España es muy distinta a la de Estados Unidos y nunca podrían darse casos cómo el que se describen en esta noticia, la realidad es que también se dan adopciones truncadas. Por supuesto que no solo falla la familia, cómo puede leerse en la traducción que os incluimos, pero es importante que los futuros padres y madres adoptivos reflexionen sobre lo que implica la adopción, pero también sobre las dificultades añadidas debidas a la institucionalización, el abandono, la negligencia, los abusos, etc... que puede haber sufrido su futuro hijo o hija.

Como siempre que traducimos un texto, éste no representa las ideas de la web o de las personas que participan en este blog, únicamente lo traducimos para que sirva de reflexión y para mostrar distintos puntos de vista de distintas situaciones relacionadas con la adopción.

 
 
Esta entrada ha estado luchando por salir por algún tiempo ya. He intentado reprimirla con un millón de “y si...” y finalmente he llegado a acepta el hecho que mis “y si...” eran realmente una forma de pretender y engancharme a la idea que nuestra adopción ha sido perfecta en todos los aspectos. Y no lo ha sido. Y tampoco ha sido perfecta para todos nuestros hijos, sobretodo para nuestro hijo de 12 años, Lemuel.
 
Las circunstancias del nacimiento de Lemuel pertenecen a su historia privada y por respeto a él solo voy a compartir lo que es absolutamente vital para comprender porque se convirtió en una “adopción truncada”. Lemuel nació de una madre pobre y físicamente enferma que murió solo un mes después de entregarle. La madre biológica de Lemuel sufría desnutrición. Ella no lo “rompió”, hizo lo mejor que pudo, pero él nació con desventaja respecto a los niños bien alimentados de su edad, compañeros de la misma edad muy deseados. Se creó una fisura...

Lemuel esperó en un orfanato en Asia durante 7 años para encontrar a su familia. Estaba en un fantásticos orfanato cristiano dirigido por una familia a la que respeto muchísimo. Ellos no “rompieron” a nuestro hijo. Le alimentaron, vistieron y entrenaron pero ellos no eran un núcleo familiar. Ellos serían los primeros en decirte que lo que necesita un niño es una mamá y un papá a los que llamar suyos y una “familia normal” para desarrollarse hasta su mayor potencial. La fisura se ensancha un poco mientras espera...

Después de 7 largos años, Lemuel, fue entregado en adopción junto a uno de sus hermanos biológicos. Esta adopción duró 2 semanas hasta que esta familia reconoció que no estaban preparados para los desafíos que estos dos niños presentaban. Rompieron con esta adopción y Lemuel y su hermano fueron colocados en distintos hogares de acogida considerando que era lo mejor para ellos. Esta primera familia no “rompió” a nuestro hijo, pero la fisura esta vez ser ramificó...

La nueva familia de acogida de Lemuel lo acogió, indudablemente, con la mejor de las intenciones. Ellos querían ayudar a niños que lo necesitaban. En un ambiente de seguridad, Lemuel, empezó a mostrar toda la tristeza y enfado que sentía ante estas circunstancias de su vida que nunca había podido controlar. Esta expresión salió en forma de violencia. La familia tenía sus propios hijos biológicos a los que proteger. Lemuel era demasiado peligroso para quedárselo. Él necesitaba mucho más de lo que con seguridad le podían ofreces así que llegó el momento de seguir adelante. La fisura en el alma de nuestro hijo se convierte en una gran grieta que rezuma cosas feas...

Lemuel es colocado en un hospital psiquiátrico con un parche que le suministraba medicación continuamente. Tiene 8 años. Este medicamento mantiene las rabietas a ralla y pone una tirita en la grieta abierta, la herida mortal. Cuando su tristeza la atraviesa le dan también pastillas además del parche. Está etiquetado. Está solo en un país extranjero, sin familia, sin hermanos y nadie para luchar realmente por él. La base de este niño se rompe en mil pedazos y dice que no quiere vivir más. Es un montón de fragmentos rotos...


Supimos de Lemuel a través de nuestra agencia de adopción y acordamos ir al hospital psiquiátrico y conocerle.


Nos llevamos a nuestros tres hijos con nosotros porque queremos que entiendan lo máximo posible sobre este niños que puede (o no) unirse a nuestra familia. Nos encontramos a Lemuel en una gran cafetería del hospital. La habitación huele a pizza rancia y leche. Es una pequeña figura al final de una larga mesa sentado junto a una asistente social. Nos acercamos a él y está ATERRORIZADO. Sus ojos se mueven a cada uno de nuestros rostros y después alrededor de la habitación. Nunca se para de mover. Quiere estar en cualquier sitio menos en ese, preparándose para otro probable rechazo por personas que no significan nada para él y que lo simbolizan todo. Intentamos jugar a un juego de mesa con él pero se equivoca, se enfada y lo deja. Sus labios están tan agrietados que están rodeados de costras. Ha estado mordiéndose y lamiendo los labios durante semanas por pura ansiedad. Intentamos bromear con él pero no lo entiende. Se levanta bruscamente y se marcha de la habitación mientras intentamos hablar con él. Ninguno de nosotros sabemos siquiera si le está permitido hacer eso. La asistente social va a preguntarlo mientras mi marido y yo nos decimos sin palabras “este chico está hecho un desastre”. Y lo estaba.
 

Salimos del hospital hasta un restaurante cercano para hablar y orar en familia. Estamos angustiados por lo que hemos visto pero a la vez conscientes que estamos muy lejos de nuestra Liga. Podríamos haber subido al coche e irnos sin siquiera mirar el retrovisor. Una parte de mi quería hacerlo. La otra parte quería llevarse a casa a Lemuel ese mismo día. Le pedimos al Señor que nos mostrara qué debíamos hacer. Llamamos a nuestra agencia en el camino de vuelta desde el hospital y les dijimos que queríamos llevarnos a Lemuel a casa. Lo hicimos. Cuando le recogimos unos días después no estaba ni feliz ni triste. Únicamente resignado. Nunca se había tomado en cuenta su opinión así que no mostró ninguna sobre esta nueva familia que venía a buscarlo. Podría simplemente haber aprendido a deletrear su nuevo apellido y continuar con su vida. Lo intentó. No pudo. No era suficientemente buen actor para camuflar sus verdaderos sentimientos. Lloró mucho. Desobedeció la mayor parte del tiempo. Su actitud era terrible. No le gustaba nuestra comida, nuestra música, nuestras ideas, ni ninguno de nosotros. Estaba decidido a rechazarnos primero o a forzarnos a a rechazarlo y acortar el tiempo entre a llegada a casa y la “patada en el culo”. Nos hizo desgraciados. No podíamos ir a ningún sitio con él sin tener que enfrentarnos a él quejándose, quejándose, quejándose o con un comentario o pregunta inadecuado – y no podía hacerlo en voz baja. Aún no puede. Mentía sin parar y contaba excusas sin sentido. Comía compulsivamente y tenía pesadillas constantes. Nuestras vidas cambiaron de forma radical en los siguientes meses. Nuestros hijos mayores empezaron a resentirse. Nuestro hijo pequeño no quería jugar con él porque hacía trampas y siempre tenía que ganar. En la intimidad, nos cuestionábamos la decisión de haber traído al niño a casa.

Sentimos lo mismo que sintieron sus familias anteriores. Que habíamos cometido un error y condenado a nosotros mismo decidiendo criar a el niño más difícil. Lloramos. Leímos libros. Consideramos acabar con la adopción cientos de veces y cada vez, uno de los dos decía “no”. Hasta que nos dimos cuenta que cuando nos entregaron ese cuerpo con una persona rota en el interior esperábamos que se “levantara y andara” por el simple hecho de estar bajo nuestro bendito techo.

De alguna forma pensábamos que nuestra mera presencia era suficiente para curar a ese niño. Pensamos que sería fácil. Éramos críticos con todos los que lo habían intentado antes. Hasta que fuimos humillados. Hasta que tampoco nosotros pudimos arreglarle.
Avanzaré rápido 5 años. Lemuel sigue en nuestra familia. Ha estado en terapia y en tratamiento en internado desde que se unió a nuestra familia. Hemos cometido errores en su crianza. Hemos puesto el listón tan alto que él nunca podía saltar por encima y nos hemos enfadado cuando no lo ha hecho. Hemos fallado. Pero también hemos tenido éxito.
Le prometimos que esta familia sería su última parada. Y lo es. No porque seamos más tolerantes o perfectos y por supuesto no porque él se haya “curado” de todos sus problemas. Esta es la última parada de Lemuel porque él es nuestro hijo y le queremos. Estamos aprendiendo a aceptarle tal y como “es”. No tenemos el tipo de cola que arregla un niño roto pero tenemos al Padre Celestial que hace todas las cosas nuevas y Él nos enseña poco a poco y día a día que Él es el que manda. Lemuel ha mejorado mucho en estos 5 años per ¿adivinad qué? También nosotros. Hemos aprendido el significado de “bendición disfrazada” y estamos trabajando en averiguar otros misterios como "amor incondicional" y "ajustarse a las expectativas". Lemuel está bien. Es exactamente lo que se supone que debe ser en este momento en su vida.
 
A pesar de los duros golpes que le ha dado la vida, continua encontrado alegría en las cosas pequeñas. Ama el deporte, los juegos de ordenador, a otras personas, hacer amigos y comer comida filipina. Se ríe mucho y muy fuerte con el programa más tonto de la televisión y adora a su hermano pequeño, que tiene síndrome de Down.

Lemuel es un milagro andante. . . la belleza surgida de las cenizas.

No creo que yo hubiera sobrevivido a los que él ha pasado. muchos no podrían. La mayoría no sería capaz de hacerlo y mantener la esperanza en el futuro. Lemuel tiene muchas esperanzas y grandes planes - quiere jugar al fútbol en el equipo de su escuela, conducir un coche cuando tenga 16, alistarse en el ejército y él dice que nunca se casará porque probablemente muera en una guerra y no quiere que su esposa esté triste. (Un poco morboso, pero muy previsor también).


No soy tan arrogante para creer que el niño fue sometido a todo este infierno sólo para enseñar una lección valiosa a la familia, pero lo ha hecho. Conozco la razón de la vida de Lemuel, la misma que para el resto de nosotros: existimos con el único propósito de glorificar a Dios. Jesús, sea glorificado en el camino y nos convierte en algo hermoso para Dios. ¡Amen!

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